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sábado, 29 de octubre de 2016

Cambio de hora


Siendo como es el último fin de semana de octubre, ya sabéis lo que toca: cambio de hora por segunda vez en el año. A las 3:00 serán las 2:00. ¿Por qué? ¿Para qué? ¿Hasta cuándo?

Para despejar en cierta medida estos interrogantes, vamos a remontarnos al origen del cambio de hora, para lo cual, nos tenemos que trasladar a la Alemania de la I Guerra Mundial. Fue este el primer país que hizo un adelanto de una hora el 30 de abril de 1916, adoptando el llamado sommerzeit, (horario de verano). Es decir, que la hora “correcta” es la de invierno y se hace el cambio en verano, ahora veremos para qué.

En esta primera ocasión, el cambio vino motivado por la guerra misma. El carbón era un bien que cada vez escaseaba más, se encarecía y que era necesario para muchas actividades (trenes, fábricas) por lo que esta medida contribuía al ahorro energético al ganar una hora de luz.

No tardaron en sumarse a esta iniciativa varios países, Imperio Austrohúngaro, Países Bajos, Dinamarca, Suecia, Inglaterra, Francia, Rusia… España lo hizo en 1918. Cuando la I Guerra Mundial terminó, la mayoría de estos países dejó de marear el reloj… hasta que estalló la II Guerra Mundial y volvieron a las andadas. De nuevo, al finalizar la contienda, muchos países abandonaron la práctica y ya fue en la década de los 70, con la crisis del petróleo, cuando el cambio de hora volvió para quedarse.

Y así seguimos hoy en día. Y ahora, ¿por qué? Por el mismo motivo, porque se ahorra energía, dicen. Pongo en duda el supuesto ahorro porque hoy en día enchufamos absolutamente todo con independencia de la hora que sea, por lo tanto la luz artificial debe de representar un porcentaje muy pequeño en el gasto total. Hay estudios sobre las ventajas económicas del cambio de hora y no hay resultados concluyentes, normalmente arrojan cifras que reflejan ahorros mínimos, de 0,1 y 0,5%.

Entonces, si las ventajas no están nada claras y supone un pequeño trastorno para todos, causándoles a algunas personas insomnio, cambios de humor, problemas de adaptación, ¿cuándo lo vamos a dejar de hacer? Me parece absurdo seguir con ello. Creo que se sigue haciendo por costumbre, por inercia, pero es algo que tiene los días contados.

Turquía, que también es uno de los países que venía sumándose al cambio de hora; hoy ya no lo hará. Se baja del tren. Hoy tenemos una hora de diferencia con este país, mañana serán dos.

viernes, 2 de septiembre de 2016

Burkini


    Quién lo iba a decir. Yo ya consideraba este blog como una experiencia con fecha de caducidad vencida, pero miren por dónde, un año después me ha vuelto a picar el gusanillo de publicar algo; ¿la causa? El burkini. Tanta polémica ha suscitado como para estar en el menú de toda tertulia veraniega que se precie y, finalmente, a mí también me ha apetecido opinar, allá vamos.

    En primer lugar he de decir que me parece triste. Triste el hecho de que los focos estén proyectados sobre una prenda para ir a la playa, como si todos los problemas de igualdad se redujesen (y se solucionasen) con el atuendo que una mujer decide ponerse para bañarse en el mar. Reconozco que tampoco me sorprende, en este país somos expertos en ver correr ríos de tinta sobre las noticias más frívolas e insignificantes mientras nadie se hace eco de los asuntos verdaderamente trascendentales.

    Les propongo hacer un ejercicio. Imaginen lo siguiente. Un día cualquiera soleado y caluroso de agosto. Una playa de Alicante, está abarrotada. ¿Cómo se imaginan a la gente que está ahí? ¿Qué llevan puesto los bañistas? A ver si coincidimos. Los hombres, torso desnudo y bañador tipo bermuda. Las mujeres, bikini dos piezas. Qué coincidencia, ¿no? Quiero decir, si en Occidente somos taaaaaaan libres para elegir lo que nos queremos poner, ¿por qué todos vamos iguales? ¿Por qué nadie lleva traje de baño tipo años 20 que era una especie de mono con tirantes y hasta los muslos? ¿Por qué nadie va… qué sé yo… con el traje de Superman? Podríamos aprovechar nuestra amplia libertad para ir cada uno a su manera, pero vamos todos cortados por el mismo patrón, qué raro, ¿no?

    A lo mejor no es tan raro. A lo mejor es que no tiene nada que ver con la libertad. Abramos los ojos. No estamos hablando de libertad. Estamos hablando de costumbres sociales, presión social, aprendizajes, entorno, cultura, roles. Lo mismo que pasa aquí pasa en Oriente, solo que esas costumbres y esa cultura son diferentes a las nuestras. Lo que aquí ha evolucionado en enseñar carne allí ha evolucionado en taparla. No creo que haya que hacer un problema de eso.

    Les estoy oyendo pensar. No me rebatan diciendo que el problema es que allí esa cultura y esas costumbres son machistas porque… ¡Buenos días! Nuestra cultura también lo es.

    No se va a solucionar absolutamente nada prohibiendo el burkini como ha ocurrido en algunas playas de Francia. La imagen de unos policías obligando a una mujer a quitarse ropa en una playa de Niza es lo más humillante que he visto en años. Con este tipo de medidas lo único que se va a conseguir es que las mujeres que lo usan se queden en su casa. Flaco favor les hacen los libertadores occidentales.

    En mi opinión, no supone ningún problema que quien quiera vaya medio desnudo a la playa o cubierto. No debería estar en el candelero, no debería suscitar polémica, no debería ocupar minutos en televisión y mucho menos es necesario legislar al respecto. Solo se puede hacer una única cosa con el burkini: respetarlo.

    Lo que sí supone un problema y muy grande es la desigualdad de género. Pero no nos confundamos. No solo existe en las sociedades islamistas. Lo tenemos en casa, pero siempre es más cómodo pensar que el opresor es un tío que vive en el desierto de Pakistán con 50 centímetros de barba y que lapidó a su mujer mientras que aquí todo es guay porque a fin de cuentas aquí las mujeres votan, trabajan fuera de casa, van a la universidad y todo eso. Ya.

    Pues un consejito gratis para terminar. Si tan preocupados están por la igualdad de la mujer, empiecen por su casa.

martes, 6 de mayo de 2014

Pendientes



  Hola amigos, bienvenidos a un nuevo episodio de “no lo entiendo”. En el capítulo de hoy, “¿por qué mierdas mutilas a tu hija?”.
       
   Pues nada, que resulta que el otro día vi a un bebé (niña, evidentemente) con sus pendientucos monísimos y se me encendió la bombilla. Dije: esto para el blog. Yo ya tenía mi opinión formada sobre el asunto y si todavía no habéis deducido cuál es, en un par de párrafos os la cuento pero para escribir esta entrada y, antes de ponerme a despotricar, he querido indagar un poco y conocer si existe un debate sobre este tema y cuál es el sentir general, y tengo que deciros que he flipado y he aprendido cosas nuevas. Os cuento primero mis pesquisas.

     - Resulta que antes, las matronas hacían los agujeros en el propio hospital a las pocas horas de dar a luz. Cogían al bebé, le hacían las pruebas médicas rutinarias, peso, medida, prueba del talón, etcétera  y si no tenía nada colgando en la entrepierna: taladro por la derecha, clic, taladro por la izquierda, clic, y listo. Lo que no sé es si preguntaban a la madre su deseo o se daba por hecho.

     - Actualmente, hay algunas matronas y enfermeras que lo siguen haciendo, es a voluntad. Pero si no te lo hacen en el hospital, y lo quieres, pues llevas al bebé a la farmacia y se hace allí. ¿Diferencias? Primera, económica. En el hospital es gratis. Las gafas graduadas tienen un 21% de IVA, pero oye, si hay que ponerles pendientes a las niñas, para eso está papá Estado. Y segunda diferencia. En el hospital, te cogen a la cría, se la llevan y te la devuelven perforada, mientras que en la farmacia la tienes que sujetar tú y ver cómo sufre cuando se lo hacen. Esto es como comer un filete, si lo compras en la carnicería guay, pero si tienes que matar tú a la vaca, pues a lo mejor ya pasas de comer filete.

     - ¿He dicho que sufren? Sí, les duele y tal. Es que también he visto que hay una creencia generalizada de que no se enteran y que por eso es mejor hacérselo cuanto antes. Como muestra un botón, esto que he cogido de Internet. 


    Pero también me quedo con este vídeo que he visto en el blog de un médico que escribe en contra de esta práctica y que ironiza diciendo “como vemos, el bebé llora de hambre”. Es importante diferenciar que no les duela a que no se acuerden, porque es distinto. Doler les duele, y no se acordarán pero hay otra cosa a tener en cuenta respecto a esto: el umbral del dolor. Cada persona tiene un umbral del dolor y queda condicionado por las experiencias de dolor que se han tenido en la vida.

   - He leído un suceso que me ha parecido muy curioso. En Alemania, unos padres le hicieron los agujeros a su hija de tres años que estuvo llorando durante días por ello. La llevaron al médico y éste dijo que la cría tenía síndrome de estrés post traumático y a los felices padres no se les ocurre nada mejor que denunciar al tipo que agujereó a la niña aludiendo que lo había hecho mal. Total, que va el juez encargado del caso y denuncia a los padres por haber mutilado a la niña. Y a raíz de esta historia, el parlamento alemán estudia considerar esta práctica como atentado contra la integridad corporal.

    Hasta aquí, lo que he encontrado navegando por ahí y que no sabía. Ahora, mi punto de vista.

   ¿Por qué? Todo lo que tengo que decir se podría resumir en esa pregunta. Vamos, es que no lo entiendo, por favor, que alguien me lo explique. Cuál es el propósito, el objetivo que cumple. ¿Diferenciar niños y niñas? No creo que haga ninguna falta, pero en cualquier caso con el rosa / azul, juguetes, ropa y demás demases, ya está cumplido el cometido. De verdad, que no me entra. Oye, y si es porque es cool, ¿por qué solo a las niñas? Ya no está mal visto que los tíos también lleven pendientes. Y ya puestos, ¿por qué no en la ceja o en el ombligo? A mí me mola más. Y por la regla de tres que se aplica, pues para cuando sean mayores ya lo tienen hecho y no se acuerdan del dolor…

   En fin, que es lo de siempre, tradiciones que no se cuestionan. Borreguitos a pastar. Os lo prometo: todavía no se cobra por pensar, nos podemos plantear las cosas y decidir si las queremos hacer o no. Es fácil: ¿quiero infligirle a mí bebé un dolor totalmente innecesario que conlleva un resultado que no le va a aportar nada en la vida? Respondan ustedes mismos.

P.D. Un saludo al lobby de joyeros que me estará leyendo.


miércoles, 3 de abril de 2013

Horas y horarios


No. No es lo que parece. Aún no he abandonado el blog a su suerte. Lo que ocurre es que he dejado que el mes de marzo cogiera vacaciones. Y dicho esto, vamos a meternos en harina.
Os habréis dado cuenta de que hay días mundiales de todo, hasta tal punto que no va haber días suficientes en el año para concienciarnos de todos los temas y habrá que celebrar una cosa los años pares y otra los años impares para que el Día Mundial del Orgasmo Femenino no eclipse al Día Mundial de la Prevención del Suicidio; dicho así, a bote pronto, porque no sé si los dos son en la misma fecha. Y al igual que días mundiales, también percibo que existen asociaciones en defensa de cualquier cosa que podáis imaginar; tal es así, que hoy he descubierto la Asociación para la Racionalización de los Horarios Españoles (ARHOE).
No es mi intención presentar dicha asociación y sus reivindicaciones en tono de mofa, ni mucho menos, pero no puedo ocultar que me ha sorprendido su existencia y que me han resultado más que curiosos sus objetivos. De modo que yo me voy a limitar a compartir con vosotros mis averiguaciones y os dejo a vuestro libre albedrío decidir si los miembros de esta asociación son personas que tienen demasiado tiempo libre o si realmente están invirtiendo sus esfuerzos en algo que merece la pena.
Como decía, la ARHOE reivindica que España adapte sus relojes a su situación geográfica. Desde el 2 de mayo de 1942 nos regimos por la franja horaria de Berlín. Los que tenéis los circuitos neuronales en permanente actividad, no habréis pasado por alto que ese año pertenece a la dictadura. Sí amiguitos, fue Franco el que adelantó nuestros relojes para estar en hora con Alemania y sus territorios ocupados. Es como en las películas de aventuras, que antes de iniciar una hazaña, los personajes sincronizan sus relojes. Me imagino a Franco y a Hitler en plan “sincronicemos los relojes. 6 horas, 20 minutos, 45 segundos. A las 6:30:00, invadimos Rusia”.
Idas de olla a parte, España debería regir su hora por el meridiano de Greenwich, es decir, deberíamos tener la misma hora que Portugal (una hora menos). Tened en cuenta que, el momento en el que el sol está más alto en el cielo debería corresponder aproximadamente a las 12:00 pm y, hoy en día, en ese momento, nuestros relojes marcan las 13:30h más o menos. 

Además de la petición de volver a regirnos por el meridiano de Greenwich para poner en hora nuestros relojes, la ARHOE también reivindica un cambio de hábitos que nos permita aprovechar mejor nuestro preciado tiempo. Aboga por la modificación y flexibilización de los horarios de trabajo para conseguir una mejor productividad y la ansiada conciliación de la vida laboral y familiar. En su página web podéis leer y apoyar su manifiesto que recoge aspectos como estos:
-         La puntualidad ha de ser un principio ético que guíe nuestra conducta.
-     Las jornadas laborales prolongadas perjudican la calidad de vida de los empleados y no son rentables para las empresas.
-      La radio, la televisión y los espectáculos deben ajustar su programación a unos horarios racionales.
Sin duda, estos tipos se toman el tiempo muy en serio, incluso en la publicación que lanzan desde su asociación, ponen el tiempo estimado que llevará leer cada artículo. Bueno, no creo que sea baladí eso de tomarse en serio los segundos; los que acaban de esfumarse no volverán nunca.

viernes, 9 de noviembre de 2012

Immeubles en fête

He conocido una curiosa tradición que nació en Francia en el año 1999 y que, desde entonces, ha crecido exponencialmente; tanto en el número de personas que se han sumado a celebrarla, como en el número de ciudades y países a los que se ha extendido. Sin embargo,  aquí, que somos los vecinos de abajo de la vieja Francia, no tenemos noticia de esta iniciativa y, verdaderamente, no veo yo que aquí fuese a conseguir muchos adeptos; ya me diréis qué pensáis vosotros.

Todo empezó en un barrio de París (17e arrondissement), donde la asociación llamada Paris d’Amis lanzó la idea de celebrar una pequeña fiesta entre los residentes de un edificio o urbanización para permitir que los vecinos pudiesen compartir un momento de convivencia, tratando de crear un sentimiento de pertenencia al barrio con el objetivo de luchar contra el aislamiento y el individualismo que aumenta en las ciudades.
  

De modo que el último viernes de mayo, las comunidades de vecinos bajan al patio comunitario, lo decoran y aportan algo de comer y de beber. Allí, conocen a sus vecinos en otro contexto diferente al habitual y estrechan lazos.

El primer año de existencia de esta iniciativa, solo se celebró en el mencionado barrio de París. Se involucraron 800 edificios, lo que se traduce en 10.000 personas celebrando una fiesta con sus vecinos. El siguiente año ya se extendió por 30 localidades francesas y se estima que medio millón de personas lo festejaron. En el año 2003, la cosa ya se empezó a internacionalizar cuando se sumaron varias ciudades belgas. En 2004 se creó oficialmente el European Neighbours' Day y, así, esta fiesta ha continuado su ascenso, como podemos comprobar al analizar las cifras arrojadas el año pasado: 12 millones de participantes, 1200 ciudades en 30 países entre los que cabe destacar: Italia, Alemania, Portugal, Turquía y Canadá. Esta celebración tiene página web oficial y existe una película (La fête des voisins) cuya trama se basa en una de estas fiestas de vecinos.  

Me parece curioso que, habiéndose extendido tanto, yo nunca había oído hablar de esta iniciativa hasta ayer. En cualquier caso, y como he adelantado en la introducción, yo creo que en España no cuajaría por mucha fiesta que sea. Personalmente, no me veo compartiendo mesa y mantel con mis vecinos. ¡Espero vuestras opiniones!

domingo, 4 de noviembre de 2012

El Ratoncito Pérez

Ayer estaba leyendo un libro en el que a una niña se le movía un diente y comentaba que lo pondría debajo de la almohada para que el Ratoncito Pérez lo recogiera y le dejara un regalo a cambio. Esta escena es totalmente familiar para nosotros porque la tradición del Ratoncito Pérez está muy asentada; sin embargo, me invitó a pensar sobre los orígenes de la misma. ¿Qué puede dar lugar a crear esta sencilla historia sobre un ratón que recoge los dientes de leche y deja un regalo a cambio? Porque, de hecho, esto es sobre lo único que hay consenso, la fantasía no va más allá. No nos explica qué hace el señor Pérez con los dientes ni si tiene familia o a qué dedica el tiempo libre. El Sherlock Holmes que vive en mí se ha puesto manos a la obra con el propósito de conocer cuáles son los orígenes de esta tradición. 


En primer lugar, cabe destacar que esta práctica está muy extendida por todo el mundo. La historia del Ratoncito Pérez tal y como la conocemos en España (obviando las variantes autonómicas) es compartida también en los países latinoamericanos, en Francia (la petite souris) y en Italia (topolino). En los países anglosajones, el ritual es el mismo, solo que la encargada de la tarea es el hada de los dientes (tooth fairy). En algunos países asiáticos, los niños lanzan el diente hacia arriba (si era de la mandíbula inferior) o hacia abajo (si era de la superior) formulando la petición de que sus nuevos dientes sean de ratón, ya que según la tradición, los dientes de ratón crecen durante toda la vida.

En España, el primer documento escrito en el que aparece el Ratón Pérez data de 1902. Se trata de un cuento escrito por el gaditano Luís Coloma, jesuita, consejero espiritual de la casa real y académico de la lengua. El autor escribió un cuento para el rey Alfonso XIII a quien se le había caído un diente de leche. El cuento está protagonizado por el rey Buby y el Ratón Pérez que, según la historia, vive en una caja de galletas en una famosa confitería de Madrid situada a pocos metros del palacio real. El ratón, a través de las cañerías, llegaba a las habitaciones de los niños y recogía los dientes.

En el lugar donde Luís Coloma ubica la casa del Ratoncito Pérez (calle el Arenal nº8 en Madrid), existe la casa museo del Ratón Pérez que enseña a los niños que lo visitan más detalles sobre la vida del señor Pérez y otros ratones famosos, ilustraciones, curiosidades y dientes de leche de celebridades. A esta dirección, los niños también pueden enviarle sus propios dientes.

jueves, 18 de octubre de 2012

Bodas


No tengo nada en contra del matrimonio pero no puedo con las bodas. Asistí a mi primera boda cuando tenía 21 años, así que me apetecía mucho ir a una después de estar harta de verlas en las películas y en las series de televisión. Desde entonces, he ido a cinco y  cada cual me ha hecho reafirmarme más en mi parecer, lo confieso bien claro y sin pudor: ODIO LAS BODAS. 


¿Por qué? Porque no las entiendo. Me parecen una parafernalia, un circo, una nube extravagante de luces de colores y purpurina que no es real y que no tiene ningún sentido. Vamos a analizarlo en profundidad. Se supone que es un día muy especial.  Haces una cosa importante que, en teoría, solo vas a hacer una vez en la vida. Tan especial, tan especial y, al final, haces lo mismo que hace todo el mundo. Bien, muy coherente.

Empecemos por los invitados: ¿a quién invitas? A tu familia y amigos. Y a amigos carrozas de tus padres, a las parejas de tus primos a las que ni siquiera conoces y a otros compromisos con los que espontáneamente no te irías ni a tomar un café a la vuelta de la esquina. Genial. Es tu súper día happy inolvidable y ni siquiera te sientes libre de invitar solo a las personas con las que realmente te apetecería compartir ese momento.

Pasemos al capítulo de la ropa y complementos.  ¿Cuánto vale un vestido de novia? ¿3000? ¿Te gastas 3000 en un vestido que solo te vas a poner un día? ¿¡Pero qué puta frivolidad es esa!? De verdad, ¿la gente se para a pensarlo? Y lo que digo para la novia sirve igual (en menor escala) para los invitados. ¿Qué necesidad hay de comprarse un vestido / traje solo para ese día y de ir peinado de peluquería? Debe de ser que si llevas un recogido de peluquería te lo vas a pasar mucho mejor que si te peinas en tu casa. Sí, va a ser eso. Será que los vaqueros no dan la felicidad, el chándal ya, ni te cuento.

Respecto al tema de la comida, no soy la persona más indicada para hacer un juicio al respecto porque solo me gustan cuatro cosas contadas y los restaurantes y yo no nos llevamos bien. Sin embargo, sí me atrevo a hacer una valoración respecto a la cantidad. Y la pregunta vuelve a ser la misma: ¿de verdad es necesario? ¿Todavía nadie se ha dado cuenta de que se tira la mitad de lo que sirven? 

Después, todas las cosas "tradicionales" que se hacen en las bodas, como el baile de apertura de los novios, beber champán con los brazos entrecruzados, los discursitos, los gritos de "¡vivan los novios!", etc., me parecen muy ridículas y patéticas. Me dan mucha vergüenza ajena.

Hasta ahora, no he hecho ninguna distinción boda civil / boda religiosa porque lo mismo me parecen; respeto que quién sea creyente se case por la iglesia (eso sí, yo no entro). No obstante, no voy a dejar pasar por alto esta oportunidad para despellejar también a los que se casan por la iglesia sin ser creyentes o siendo creyentes no practicantes. ¿Es que la gente no tiene ningún tipo de principio moral? ¿Van a hacer el cursillo prematrimonial (¡ojo! tú, que llevas 5 o 10 años con tu novi@ y vas a aguantar que un cura te dé lecciones de vida en pareja) solo porque las fotos quedan mejor en la iglesia o porque a los padres les hacía ilusión? Voy a empezar a pensar que no soy del género humano… 

Creo que el problema de esto se reduce a lo mismo que la Navidad y otras tradiciones: se asumen, no se plantean ni reflexionan. Esto se hace así, pues así lo hago. No importa que en realidad no compartas el sentido y ni los fundamentos o que sea una locura absurda. Me encanta la gente que piensa por sí misma. Es tan fácil como plantearse algo y decir: esto tiene sentido, me gusta, es coherente con mi forma de pensar, lo hago; esto no me gusta, es un despropósito, entra en contradicción con mis principios: no lo hago. Me maravilla escuchar personas que han decidido celebrar su matrimonio de forma diferente (conozco dos casos).

Y para ir concluyendo, amigos y amigas del blog, solo quiero haceros una petición: si os casáis, ¡NO ME INVITÉIS! Gracias.

viernes, 16 de diciembre de 2011

Navidad

   Odio la Navidad. Los villancicos, los árboles, los belenes, las luces, los adornos, las cenas, las comidas, el mazapán, a Papá Noel y a los Reyes Magos, los anuncios de colonias, las uvas, las felicitaciones, las postales y la lotería. Creo que no se me olvida nada, pero si se me olvida algo: también lo odio.

   ¿Por qué tanta animadversión por la Navidad? Os estaréis preguntando. Bien. Para empezar, he de decir que yo no soy creyente de la religión cristiana, por lo tanto, no son mis fiestas, yo no tengo nada que celebrar; porque, por si a alguien se le ha olvidado (y yo diría que a más de uno parece que sí) en la Navidad se conmemora y se celebra el nacimiento de Jesucristo. El hecho de considerar que estás fiestas no tienen nada que ver conmigo puede explicar el desapego que tengo por la Navidad aunque no el profundo odio que la tengo. A eso puede contribuir más el hecho de que se empiecen a celebrar un mes antes de cuando realmente son. También el hecho de que se hayan convertido en una apología al consumismo sinsentido donde la gente empachada de tanto cordero, borracha de tanto champán y desubicada de tanta compra en centros comerciales abarrotados no sabe ni lo que está celebrando ni lo que está dejando de celebrar. O puede que sea un odio irracional provocado por algún trauma de la infancia que mi subconsciente me impide recordar como que Baltasar no me trajera el regalo que yo quería o como que me atragantara con un langostino en la cena de Nochebuena, quién sabe.

    A lo mejor, alguien que está leyendo esto está pensando: “ya, pero seguro que sí te gustan los regalos”. ¡Error! También odio los regalos. De hecho, creo que se merecen una mención especial.

    Dejando al margen los de los niños, lo de los regalos no lo entiendo. La mayoría (por no decir todos) se compran por compromiso. La gente se exprime el cerebro a ver si un poco de materia gris les da una idea de qué regalar para luego comprar cualquier cosa o lo mismo de siempre sin importar mucho que la otra persona realmente necesite o le guste lo adquirido. No nos engañemos, se compra lo que sea para rellenar el expediente y listo. Una vez entregados los regalos, lo que pasa la mayoría de las veces es que no es de su talla / no le gusta / ya lo tiene / no lo necesita para nada / ¡Joder otro pijama de abuelo! Y se quedará almacenando polvo en algún rincón de la casa en el peor de los casos y se reutilizará como regalo para otra persona, en el mejor. Yo no entiendo porqué la gente no hace regalos a los demás cuando realmente les apetece y quieren regalar algo que les ha llamado la atención y creen que a la otra persona le va a gustar en vez de sentirse obligados a hacer un montón de regalos un día en concreto que serán inservibles y gastándose un dinero que se pueden gastar en ellos mismos en algo que realmente les haga falta o en algo que vayan a disfrutar. 

   Creo que metiéndome con la Navidad no voy a hacer muchos amigos, en cualquier caso: ¡Feliz…   invierno!

lunes, 25 de abril de 2011

Toros

    La semana pasada llegaron malas noticias desde el país vecino. Francia ha declarado las corridas de toros bien de interés cultural, con esta decisión, se convierte en el primer país del mundo en "blindar" la tauromaquia para asegurarle un futuro.

    Aunque los toros sean una seña de identidad de nuestro país (o eso nos quieren hacer creer algunos) no hay que olvidar que no es algo exclusivo nuestro (no sé si por fortuna o por desgracia) sino que también tienen sus variantes en Francia, Portugal y algunos países de América Latina.

    Es muy curioso que donde quieren encasillar la tauromaquia es precisamente en la cultura. Se entiende por cultura aquellas manifestaciones o expresiones que cultivan la mente, enriquecen a las personas y a los pueblos, les dotan de capacidad crítica y juicio (tal y como reza la definición del Diccionario de la Real Academia). La cultura es literatura, música, pintura, cine… e, incluso, diría que gastronomía, pero ¿matar animales? Si matar animales es cultura, por favor, que paren el mundo, que me quiero bajar.


    No entiendo la diversión o el entretenimiento que encuentran los individuos –léase de la forma más despectiva posible– que disfrutan yendo a las corridas. ¿Se han dado cuenta de que a lo que van es ver cómo torturan a un ser vivo poco a poco hasta que lo matan? El que se jacta de contar con estos espectáculos entre sus gustos debería hacérselo mirar porque a mí me recuerda bastante a lo que viene siendo un psicópata. Y antes de que a nadie se le ocurra venirme con el cuento de la lucha entre el hombre y la bestia, etc. etc. ya contesto yo: ya nadie se cree eso, son bien conocidas las torturas previas a las que se les somete a los animales para que entren a la plaza desorientados y con menos capacidades.

    En fin, qué pena que ya no estemos en época de los romanos, porque estaría muy bien que toda esta gente se jugase los cuartos a vida o muerte cual gladiadores en la arena para deleite de los espectadores. ¿Por qué limitarse a mirar cuando es mucho mejor participar? ¿No?

    Cataluña dio una paso de gigante el año pasado diciendo NO a las corridas de toros. Esta decisión arrancó con una iniciativa popular que consiguió el respaldo que les pedía ley para poder llevarlo al parlamento. Y una vez en el parlamento, los votos sensatos fueron mayoría por lo que no habrá más corridas en Cataluña a partir del año 2012. Es cierto que todavía tienen algunas "actividades" de ese estilo pero considero que han tenido un primer gesto importantísimo y acabar con el resto es cuestión de tiempo, siguiendo con los pasos lógicos del camino que han emprendido. Espero que en un futuro no muy lejano pueda contar la misma noticia sobre Cantabria.

    Tras la decisión de los catalanes, las reacciones no se hicieron esperar, y ahí quedó patente la de la Comunidad de Madrid. Su presidenta manifestó la intención de declararlo bien de interés cultural –lo que han hecho en Francia– para "blindarlos" y su partido político, el PP, tiene presentado un recurso ante el Tribunal Constitucional contra la prohibición de los toros que sacó adelante Cataluña, bochornoso.

martes, 1 de marzo de 2011

Bautizos

    El pasado domingo acudí por imperativo familiar a un bautizo, lo que me ha llevado a una reflexión que plasmo en esta entrada. Por razones obvias, no voy a hablar de este caso en particular, pero sí de una tendencia general que percibo y que también es extensible a las comuniones.   
        
    Quiero hacer distinción entre las familias religiosas que, como tal, acatan la doctrina que impone la creencia que profesan (en el caso del cristianismo, van a misa los domingos, confiesan sus pecados, etc.) y aquellas otras familias que la religión no pinta nada en su vida pero que bautizan a sus hijos, les instan a que hagan la comunión, se casan por la iglesia y demás. No tengo nada que decir sobre las familias que se encuentran en el primer caso, dado que viven en la fe y son coherentes con sus creencias, lo que no comparto pero me parece respetable. Lo que no entiendo para nada en absoluto es a la gran cantidad de gente que se incluye en el segundo tipo. ¿Por qué lo hacen? Vamos a ver, si –poniéndonos en el caso de bautizos y comuniones– los padres, viven una vida al margen de religiones, sin preocuparse de si lo que hacen es pecado o de rezar todas las noches a la santa congregación de las hermanas huérfanas descalzas y hambrientas, ¿qué les lleva a iniciar a sus hijos en unas creencias religiosas? ¿Ellos quieren vivir según su propio criterio mientras que desean que sus hijos acaten normas sin cuestionarlas? ¿Quieren que los niños crean en lo que les dicen aunque no sea demostrable antes de enseñarlos a tener pensamiento crítico? Porque si es así, no entiendo sus motivos. ¿O es que quizá los que no tienen ideas propias son los padres y lo único que hacen es seguir ciertas costumbres sin plantearse lo que significan y lo que conllevan? ‘Como todos los de su clase hacen la comunión, él no va ser el único que no la haga…’ Eso, en primer lugar, es una falta de respeto para con el sacramento en particular y con la creencia en general y, en segundo lugar, el mensaje que se está dando a los niños es el de la falta de compromiso. Les estamos diciendo que existen los derechos pero no los deberes. Si un niño se quiere meter a un equipo de voleibol, tendrá que comprometerse a entrenar, a ir a los partidos y no podrá dejar a sus compañeros tirados en mitad de la temporada porque en invierno le dé demasiada pereza salir de la caldeada casa, ¿no? Pues no perece que todo el mundo lo tenga tan claro.

    En fin, me parece muy triste casarse por la iglesia solo porque ‘las fotos quedan más bonitas’ o instar a los niños a hacer la primera comunión aunque los padres no sepan ni decir tres de los diez mandamientos. Un poquito de coherencia, por favor. En la vida, es muy importante tener una cosa que se llama PRINCIPIOS y los principios te impiden quedarte solo con la parte que te gusta de las cosas y eso también va por la navidad, pero eso se merece un capítulo aparte.

lunes, 7 de febrero de 2011

Mutilación genital femenina.

        No tenía ni idea de qué publicar hoy, estuve buscando noticias o algo que me diera pie a escribir sobre ello pero no encontré nada y apagué el ordenador pensando que hoy sería día de barbecho en el blog. Cogí un periódico de tirada nacional para hacer un poco de tiempo y vi que el 6 de febrero es el día mundial contra la mutilación genital femenina. Pensé que era un buen tema para escribir sobre él, encendí otra vez el portátil y aquí estamos.

Creo que cuando pensamos en ablación, nuestra mente viaja al continente africano y nos imaginamos tribus primitivas que hacen rituales mágicos y que adoran a dioses de todo tipo. Pero la realidad es que, debido a las migraciones, en España, se estima que hay 10.000 niñas en riesgo de sufrir ablación. Parece mentira, pero esto le puede haber ocurrido a tu vecina de enfrente o a tu compañera de la universidad. La mutilación genital femenina no tiene que ver con la religión. Está ligada a la cultura y se practica de generación en generación como una macabra tradición. Se realiza cuando las niñas tienen entre 4 y 14 años, aunque en la mayoría de casos se hace durante la pubertad ya que, normalmente (aunque puede variar entre tribus), marca el cambio del paso de niña a mujer e indica que la chica ya puede contraer matrimonio. También se hace para mitigar la sexualidad femenina dado que se alega que los genitales son sucios, impuros y antiestéticos. Se lleva a cabo por ‘circuncidadoras’ sin ningún rigor médico, sin ningún tipo de anestesia lo que puede acarrear contagio de sida, hepatitis e infecciones agudas. La muerte por pérdida de sangre no es poco habitual.

        En fin, creo que no hace falta entrar a valorar que es una práctica salvaje y un sinsentido más de nuestra especie porque supongo que todos estamos de acuerdo con eso. Por mi parte, lo único que cabe decir es que, a pesar de que coincidamos en esta opinión, este problema no es algo en lo que pensemos ni por lo que nos preocupemos, y hoy por hoy, que existen días mundiales para casi todo, me parece bien que haya uno que nos recuerde que tres millones de niñas están siendo mutiladas cada año para que no se convierta en otra injusticia de las que sabemos que ocurren pero que tenemos enterradas en los fondos de nuestras conciencias.

        Para terminar, pongo el final de la película titulada ‘flor del desierto’ está basada en el libro homónimo de Waris Dirie en el que habla de su experiencia personal. Esta mujer creó la fundación que lleva su nombre que lucha contra la mutilación genital femenina. Yo no conocía dicho libro ni a su autora, tampoco la película, los he descubierto ahora, mientras buscaba información para escribir esta entrada y me ha parecido interesante por lo que intentaré leerme el libro. Así que, vaticino que habrá algún próximo post sobre esta historia.


martes, 1 de febrero de 2011

Eyeballing

       Si no sabes lo que es el eyeballing, siento decirte que no estás a la moda porque es lo último para pillarse un ‘ciego’; bueno, en este caso podríamos prescindir de las comillas. El eyeballing consiste en la ingesta de alcohol (generalmente vodka) por vía ocular. Sí, sí. Han leído bien. Por vía ocular. La persona coge la botella en cuestión y la vuelca directamente sobre uno de sus ojos.  


        El origen de esta práctica se atribuye a las camareras de algunos clubes de las Vegas que lo hacían a finales del siglo XX para ganarse propinas. Ahora es una práctica habitual entre los universitarios de Estados Unidos y ya se ha extendido a Reino Unido. Puede parecer que es cosa de unos pocos dementes o que son los rebeldes ‘de siempre’ los que hacen estas cosas, pero en you tube hay más de 800 videos subidos que muestran a gente llevando a cabo esta práctica y seguro que lo hacen muchos más jóvenes de los que pensamos.

        ¿Qué tiene el eyeballing de especial que va captando adeptos? Los que lo ponen en práctica alegan que el alcohol penetra más directamente en la sangre por lo que sus efectos son más rápidos e intensos. Sin embargo, expertos oftalmólogos explican que esto no es exactamente así porque, aunque los líquidos introducidos por los ojos acaban en la sangre a través del conducto del lagrimal, la cantidad que llega es mínima y por lo tanto, es imposible emborracharse de este modo. Lo que ocurre, es que los que intentan el eyeballing suelen tener ya cierto grado de embriaguez y los efectos son más psicológicos que fisiológicos. Y hablando de efectos fisiológicos… Obviamente, el hecho de derramar sobre los ojos un líquido con 40º de alcohol no es benigno. A corto plazo, produce molestias, dolor y escozor; y a largo plazo, y por causa de una práctica continuada, puede causar inflamación, trombosis y úlceras permanentes en la córnea.

        La conclusión de todo esto es que se pone en riesgo la salud ocular por nada. Está muy bien que juventud sea sinónimo de trasgresión, búsqueda de nuevas sensaciones y rebeldía, pero ¿dónde vamos a llegar? No sé si el eyeballing se seguirá extendiendo y llegará a nuestro país; que mis ojos no lo vean…