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viernes, 12 de diciembre de 2014

Bebés a la carta






Una vez más, y ya he perdido la cuenta, escribo una entrada sobre un tema que ha surgido en clase de francés. Lo que solo era una excusa más para hacer unos ejercicios de comprensión y expresión oral, me ha dado pie a llegar hasta aquí.

En Estados Unidos existe una clínica de reproducción asistida que selecciona los embriones por sexo para que la familia tenga un hijo o una hija, según sea su deseo; por un módico precio que puede ser la calderilla que tengamos en el bolsillo, léase, unos veinte mil dólares.

En el corte que vimos, decían que estaban trabajando para poder elegir en el futuro otras características como el color de ojos. En una búsqueda rápida en Internet, he visto que esta noticia no es nueva, sino que ya repicaba hace cinco años; por lo tanto, a lo mejor, ya han conseguido meter en el menú el tono de piel y un pelo caoba con mechas californianas.

La cuestión es, ¿qué opináis de todo esto? ¿Inmoralidad, frivolidad, jugar a ser dioses, avance de la tecnología, avance de la sociedad…? Os voy a contar lo que opino yo, que para eso estoy escribiendo esta entrada.

Personalmente, estoy en contra. Es decir, yo no lo haría aunque tampoco sabría deciros exactamente porqué. Simplemente, no me gusta la idea, prefiero las cosas más “naturales” y “lo que tenga que ser, que sea”. Esto respecto a la elección del sexo, si entramos a valorar aspectos físicos, me parece frívolo, pero también me lo parecen los concursos de belleza infantiles, además de faltos de moralidad y sentido común, y ahí están.

Sin embargo, el hecho de que yo no lo quiera para mí no significa que no pueda entender que para algunas personas pueda ser muy importante tener una niña o un niño.

La tecnología existe y la familia lo paga, yo no soy nadie para decirle al vecino que no lo haga, y del mismo modo, tampoco creo que deba ser el estado el que decida esto por nosotros.

sábado, 26 de mayo de 2012

Viento sur


En la costa cantábrica somos buenos conocedores de la peculiaridad que tiene el viento sur; sabemos que afecta al estado de ánimo, que puede levantar dolor de cabeza y que cuando sopla, en los edificios del Paseo Pereda hay que entrar por la calle de atrás; pero, ¿qué hace tan especial al viento sur?


Este fenómeno no es exclusivo del norte de España, sino que se da en todo el mundo. Así, en Cataluña su equivalente es el "Poniente", en Argentina el "Zonda", en California el "Santa Ana", en Italia el "Sirocco" y en Suiza el "Föhn", por ejemplo. Aunque en muchos sitios se le conoce simplemente de forma coloquial como "el viento de brujas" o "vientos locos".   

Con este tipo de viento lo que sucede es el llamado efecto Foehn, que se caracteriza por lo siguiente: una masa de aire húmeda y fría choca con una cordillera, produciendo precipitaciones en la ladera de barlovento. Posteriormente, cuando esta masa desciende por las laderas de sotavento, se convierte en una masa de aire seco y comprimido, produciendo una fuerte evaporación y disipación de las nubes. Este viento recalentado y deshidratado, desciende hacia el fondo de los valles provocando una elevación brusca de la temperatura de más de 10 grados en pocas horas y de 15 a 25 grados en dos días.


Cuando se produce el efecto Foehn, se ha demostrado científicamente que la gente está más irritable, es más frecuente el insomnio y el dolor de cabeza. Aumenta el número de peleas, suicidios, homicidios y accidentes de tráfico. Algunos profesionales posponen tareas o decisiones importantes que deben realizar hasta una vez pasado el viento, como en los hospitales de Tirol, donde posponen las operaciones más delicadas.

Para mí, lo más llamativo ha sido conocer que en Suiza, el hecho de cometer ciertos delitos bajo este fenómeno meteorológico, está contemplado por la legislación como un atenuante. 

domingo, 13 de marzo de 2011

Teoría de la evolución

     La teoría de la evolución de Charles Darwin (1809-1882) fue un gran hito en la historia de la ciencia mundial y aunque ya tiene más de siglo y medio, sigue estando vigente, sigue creando polémica y sigue siendo la base de muchas otras teorías científicas en diferentes campos.

    Como es archiconocida y se estudia en los colegios, no vengo a descubrirla ni a contar nada de ella ni de su autor. Sin embargo, si que me gustaría compartir algo relacionado con todo esto, que por ser casi anecdótico, es más desconocido.

    Como es sabido, Darwin desarrolló su teoría a raíz de haber hecho un viaje a bordo del Beagle que duró cerca de cinco años y le llevó a distintos puntos de Sudamérica, a Australia y a otras islas de los océanos Índico y Pacífico. Bien, pues el capitán del Beagle era un hombre llamado Robert FitzRoy (1805-1865) cuya misión para el viaje era hacer estudios hidrográficos de las diferentes zonas visitadas, pero junto a eso, también tenía el objetivo de encontrar pruebas que demostraran la veracidad del Génesis, ya que era un religioso fundamentalista.  

    Después de haber terminado el viaje y una vez que Darwin publicó El origen de las especies, FitzRoy se sentía muy culpable de que su expedición hubiera tenido unas consecuencias tan desfavorables para la religión cristiana y para su libro sagrado, por lo que se pasó el resto de su vida apelando infructuosamente a Darwin para que se retractara de su teoría.

    Acudió a un debate sobre la teoría que tuvo lugar en la universidad de Oxford siete meses después de la publicación del libro de Darwin. Allí, atacó El origen de las especies y, alzando una Biblia, suplicó a los presentes que creyeran en dios antes que en el hombre. Al final, su inflexible tradicionalismo junto con sus fracasos profesionales, lo convirtieron en un hombre huraño y abatido, que terminó suicidándose cuando tenía 60 años de edad.

El almirante Robert FitzRoy
     Es triste que el debate creacionismo versus evolución siga abierto a día de hoy en ciertos lugares; valga esta paradójica historia para recordarnos que los conocimientos que hoy tenemos acerca de lo que nos rodea, del mundo en que vivimos y del espacio son teorías y, seguramente, muchas de ellas serán refutadas por lo que, lo que hoy es blanco, mañana será negro; pero creo que lo importante es mantener una actitud abierta y flexible ante los nuevos conocimientos porque, de un modo u otro, seguro que podemos extraer algo positivo de ellos.

domingo, 13 de febrero de 2011

Noética

    No sé si habéis apreciado que la semana pasada puse un nuevo gadget para informar sobre qué libro estoy leyendo actualmente. Ayer lo cambié porque terminé ‘El Dr. Jekyll y Mr. Hyde’ y hoy he empezado el último de Dan Brown. Todos los libros de este autor se caracterizan porque enganchan al lector desde el primer momento y eso es precisamente lo que me ha pasado a mí. Ya me he leído una buena parte del mismo. En cualquier caso, lo que quiero contar es que ‘el símbolo perdido’ habla sobre una cosa llamada noética sobre la que yo no sabía nada en absoluto, por no saber, no conocía ni su nombre, pero como lo que he leído en el libro acerca de ello me ha despertado la curiosidad y el interés, me he puesto a ‘investigar’ sobre el tema y os cuento mis averiguaciones y opinión en esta entrada.

    Noética es una palabra que viene del griego nous/noew que significa ‘ver discernido’ es decir, pensar. Las ciencias que conocemos, la física, la astrología, etc. estudian los fenómenos que hay fuera de nosotros, sin embargo, la noética dice que lo que pasa dentro de nosotros (el pensamiento) crea lo que hay fuera. El Instituto de la Ciencia Noética la define como la ciencia que toma la razón, la intuición, los sentimientos y el sentido para estudiar la naturaleza de la conciencia. ¿Y qué significa todo esto? Que los pensamientos pueden influir en el mundo físico, modificándolo. Esto no quiere decir que podamos hacer como Matilda, el personaje literario de Roald Dahl, que movía los objetos con la mente. Ni tampoco quiere decir que doblemos cucharas a distancia. Sino, que el pensamiento puede generar cambios en la materia, en las moléculas y en los átomos. Quizá se entienda mejor con un ejemplo (este es uno real, no de los que me invento yo).

    Masaru Emoto (1943) es un autor japonés conocido por sus experimentos con el agua que consisten en someter diferentes muestras de agua a estímulos de distintos tipos, como pensamientos positivos o negativos, música armoniosa o desagradable, o palabras amables o groseras. Después, congelaba el agua y la cristalizaba. Los resultados revelan que las muestras de agua que fueron sometidas a estímulos positivos cristalizaban en formas armoniosas, bellas, simétricas y de colores blanquecinos, mientras que las estructuras moleculares de las muestras sometidas a los estímulos negativos son caóticas, desagradables y de tonos marrones.

Muestras del agua. Debajo de cada una aparece al estímo al que fue sometida.

    En mi afán investigador, también he topado con una película-documental que se llama ‘¿qué rayos sabemos?’ que también habla sobre este tema. En un momento dado, nos muestran los resultados de Emoto y un personaje dice: ‘si los pensamientos pueden hacerle eso al agua, imagina lo que nuestros pensamientos pueden hacernos a nosotros’; aunque puede que no haya mucha diferencia dado que nosotros somos agua en un 80%.

    Si el siglo XX fue el momento de la tecnología, he leído que el siglo XXI puede ser el siglo de la noética. Sea como fuere, la lectura que debemos sacar de esto es que no debemos subestimar el poder de la mente. Hay que ser consciente de que la realidad que percibimos no es más que eso, una realidad percibida por nosotros, y por lo tanto sesgada y hecha a nuestra medida. Es muy importante ser optimista, alegre y dinámico porque entonces veremos el mundo de esa forma y obtendremos consecuencias acordes a eso. En cambio, alguien pesimista, depresivo, al que nada le despierta interés, encontrará todo desagradable, toda la información que procese irá en ese sentido dado que está reforzando constantemente esos circuitos neuronales mientras que los opuestos se debilitan, por lo que se convierte en un círculo vicioso con lo que, obviamente, el mundo, para esa persona, se convertirá en algo desagradable ya que serán los estímulos negativos los únicos que acabe percibiendo.