Imaginad las riadas que ocurren de
cuando en cuando: lluvias torrenciales y ríos desbordados que inundan las casas
bajas de los pueblos y los locales comerciales. Bien, teniendo esta imagen en
mente, os planteo la siguiente pregunta: ¿creéis que una persona cuya casa está
en estas condiciones se va a preocupar de un grifo que gotea? El sentido común nos
dice que no. No obstante, eso es exactamente lo que estamos haciendo respecto a
la pitada al himno nacional ocurrida durante el partido de final de copa: preocuparnos por un grifo
que gotea en el baño cuando nuestro salón es la extensión de las marismas de
Santoña.
No me entendáis mal. Con mi ejemplo
ilustrativo no quiero decir que haya asuntos más importantes con los que llenar
telediarios y tertulias radiofónicas (que por supuesto, los hay) sino que me
refiero a que dentro de este mismo tema, los pitos son lo de menos; sin
embargo, es de ellos de lo que se habla olvidándonos del problema de base.
Y es que, en mi opinión, no se
afronta este debate de la manera correcta. Solo oigo las posturas a favor:
libertad de expresión, derecho al independentismo,…; y posturas en contra:
ofensa a los símbolos de la nación, falta de respeto al rey,… Para mí, este
debate es superficial, simplista y estéril, ninguna parte va a convencer a la
contraria con sus argumentos y, desde luego, no aborda el problema de raíz. Es justamente
esto lo que se debería hacer, preguntarse por qué ocurre en lugar de
apresurarse a emitir comunicados anunciando sanciones. Hay que empezar a
plantearse por qué una parte de la ciudadanía no se siente parte de este país.
A lo mejor, es porque han visto cómo
sus señas de identidad y rasgos culturales se han visto históricamente prohibidos,
asfixiados. Quizá es porque sufren un gobierno centralista que hace oídos
sordos a sus reivindicaciones. Tal vez es porque padecen políticos irresponsables
y mediocres, nacionalistas amantes de diferentes banderas (léase: nacionalistas
respecto a España y nacionalistas respecto a las CCAA) que lo único a lo que se
han dedicado es a fomentar las diferencias, a ensanchar las brechas y a hacer
apología del odio. Puede que tenga algo que ver el hecho de tener un rey
impuesto, el hecho de que un 60% de la población (y subiendo) no ha tenido
oportunidad de votar la Constitución. Si la gente está faltando al respeto
a los símbolos de una nación a lo mejor es que la nación no está cumpliendo con
esa gente. Esto es lo que debería preocuparnos a todos.
Por lo tanto, menos abrirse las carnes por la quema de banderas y las pitadas a himnos y más construir puentes, fomentar la convivencia, resaltar que las diferencias enriquecen, mirar por el bien común. Y cuando tengamos eso, no será nada difícil encontrar símbolos que nos representen a la mayoría y de los que todos nos sintamos orgullosos.
Por lo tanto, menos abrirse las carnes por la quema de banderas y las pitadas a himnos y más construir puentes, fomentar la convivencia, resaltar que las diferencias enriquecen, mirar por el bien común. Y cuando tengamos eso, no será nada difícil encontrar símbolos que nos representen a la mayoría y de los que todos nos sintamos orgullosos.


















