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jueves, 13 de junio de 2013

Tus cien primaveras

Sinceramente, nunca creí que este tema me diese para escribir una entrada; pero resulta que iba yo esta mañana pensando en que tenía que preguntarle a la gente qué opinaba del himno del centenario del Racing, al tiempo que yo pensaba mi propia opinión para compartirla con esa gente y me dije: esto da para un post perfectamente; y aquí estamos.

Como he adelantado en la entradilla, voy a hablar sobre el himno del centenario del Racing, que se presentó ayer. Creo que no es el himno oficial y digo "creo" porque hace bastante tiempo que desconecté del mundo del fútbol en general y del Racing en particular. Sé que han sido las peñas las que se han movido para que esta canción haya visto la luz, pero lo que no sé es, si por parte de la directiva del club, se lanzará otra, la que sería, en este caso, la oficial. 

Sea como fuere, “tus cien primaveras” se presentó ayer como himno del centenario del equipo cántabro, canción compuesta e interpretada por Rulo, que ha tenido el detalle de querer contar con la colaboración de los peñistas en la grabación. 

Y después de haberla escuchado, tengo que decir que me parece un poco tristona. Que la verdad, estando el club en la situación en la que está, pues a lo mejor, tristeza es lo único que inspira, pero no puedo negar que me habría encantado un himno con un punto rockerillo. Ha dicho Rulo que le costó componer esta canción, que “las musas se le resistían” y yo creo que se nota que no fue coger lápiz y papel y listo. Más bien, diría que hay alguna rima metida con calzador. De todas formas, no me disgusta del todo, no sé si porque, a fin de cuentas, se trata de Rulo o porque apela a unos sentimientos que estuvieron ahí en su día. 

Ya sé que las comparaciones son odiosas, pero también inevitables. Sin ser santo de mi devoción, Mario San Miguel, compuso en su día “los colores verdiblancos”, que igual como himno no es apropiada, pero es una canción muy alegre que me gustaba, aunque no sé porqué, me parecía que tenía ramalazos andaluces, cosas mías. Entrando en el terreno de los himnos de centenarios, me gusta el estribillo del himno del Atlético de Madrid, que le encuentro cercano, desenfadado, muy de estar por casa; en claro contraste con el del Real Madrid, que es súper frío, señorial y con empaque, lo cual me parece una distinción de lo más apropiada. Y para acabar con este mini repaso a los himnos de los centenarios, os sorprenderé diciendo que mi favorito es el del Sevilla. No sé porqué, pero me flipa. 

Existe un método infalible para saber si un himno es bueno o no. Consiste en saber si la susodicha canción tiene la capacidad de poner los pelos de punta a los aficionados del equipo en cuestión. Y yo ya no estoy en condiciones de juzgar eso. 


lunes, 13 de agosto de 2012

El origen de la quiniela

     Aunque lo parezca, ESCALERAS Y TOBOGANES no está de vacaciones, así que vamos con una entrada fresquita que nos saque del período de sequía en este día caluroso de agosto.

     Aunque no te guste el fútbol; aunque lo único que te venga a la mente cuando escuchas "los pajaritos" sea la canción de María Jesús y su acordeón y piensas que se están quedando contigo cuando te dicen que es el nombre de un estadio; aunque que no sepas reconocer un fuera de juego o que la única "pared" que conozcas sea la de tu casa, tú has hecho una quiniela alguna vez en tu vida. Por probar suerte, a medias con amigos, al azar o teniendo en cuenta qué equipo jugaba en casa y qué jugadores lesionados había, pero marcaste el uno-equis-dos.

     Y es que este juego de azar es muy famoso hoy en día y recauda miles de euros. Sin embargo, quizás lo que no sepas es que su origen se remonta a 1929 y que nació en Santander. Más concretamente, en una bar de la calle Alta.

    Existía un bar llamado Callealtera en el que se reunía un grupo de amigos que hacía pronósticos sobre los partidos y a uno de ellos se le ocurrió confeccionar una tabla con casilleros donde anotaban los posibles resultados y cada uno pagaba una peseta. La voz corrió y cada vez participaba más gente, por lo que nombraron a tres personas para crear una comisión que se encargaba de clasificar todas las papeletas; trabajo que realizaban siempre de cara al público y que les podía llevar hasta 12 horas.  


    Esta versión santanderina de la quiniela comenzó a cotizar a hacienda en 1931 y duró hasta 1936 cuando fueron prohibidas por el Estado ya que, al parecer, el juego se propagó por muchas ciudades y no de forma muy rigurosa.

     La quiniela se reestableció en 1946 y es aquí cuando sitúan su origen oficial. De hecho, el año pasado se celebró su 65º aniversario. Sin embargo, parece que su nombre lo tomó de los inicios cántabros ya que en esa época, la División de Honor solo contaba con 10 equipos, lo que significa que se jugaban 5 partidos cada jornada, de ahí el prefijo “quin”; puesto que 1946 la liga contaba con 14 equipos. 


sábado, 1 de octubre de 2011

Surf como asignatura

    Esta semana, los alumnos del instituto "Las llamas" que eligieron como optativa la nueva asignatura de "actividades acuáticas" han tenido su primera clase práctica de surf.

    Este centro es el primero en incorporar una asignatura de este tipo en su currículo y por eso se han hecho eco de esta noticia los medios locales y también algunos nacionales, incluyendo los informativos de televisión española


    Como algo novedoso que es, todo el mundo se ha lanzado a dar su opinión y las hay de todos los palos. Personalmente, no me parece mal. Por lo que tengo entendido, esta asignatura de actividades acuáticas se enmarca como educación física, es decir, se podría entender bien como una sustituta de la misma, o bien, como un cambio en sus contenidos.

    La educación física siempre ha tenido el sambenito de asignatura que no vale para nada y, echando mano de míticos estereotipos, a todos se nos viene a la cabeza el típico caso de alumno negado para el hicamiento de codos, que suspende todas las asignaturas excepto "gimnasia" y, viceversa, el clásico empollón abonado al sobresaliente que se le atraganta la educación física como la duodécima uva de nochevieja y le afea el expediente con un insuficiente. Sin embargo, con eso y con todo, yo creo que la educación física es importante mantenerla en los programas educativos y no solo por sus propios objetivos intrínsecos (enseñar la importancia de hacer ejercicio físico, cuidar la salud, etc.) que indudablemente tienen una gran importancia, sino porque rompen la rutina del alumno. El resto de asignaturas son de "papel y lápiz" y metidos en el aula. Cuando toca educación física los alumnos salen del aula, toman el aire, se mueven, se relacionan en un plano distinto con sus compañeros y yo creo que eso es muy beneficioso. 


    En tanto y cuanto la asignatura de actividades acuáticas coincide en estos aspectos con la tradicional asignatura de educación física, a mí me parece muy bien, pero voy más allá. En educación física se juega al bádminton, se hace el course navette, se pone a los chavales a dar vueltas al patio corriendo durante 20 minutos y a hacer abdominales; es decir, que solo hace falta introducir la petanca para hacerlo menos atractivo y desmotivante. Por eso, si en el instituto de "Las llamas" se han puesto a pensar en algo que tenga el mismo trasfondo y los mismos objetivos educativos que la tradicional asignatura de educación física, pero que sea algo que interese y atraiga a los chicos de hoy en día y lo han encontrado, solo cabe darles mi enhorabuena.

miércoles, 23 de marzo de 2011

Violencia en el fútbol

    Yo, últimamente, ando bastante desconectada de las noticias de deportes, me salto la sección dedicada a ellos de los periódicos y tampoco suelo ver la de los telediarios pero el lunes de esta semana, me coincidió y vi los deportes de informativos telecinco.

    Los lunes, en la sección de deportes de los telediarios, suelen hacer un resumen de la jordana de fútbol del fin de semana. Pues bien, a este respecto, comentaba J.J. que se habían producido dos noticias malas en el mundo del fútbol. La primera, los insultos racistas coreados en el Vicente Calderón a Marcelo y la segunda, la violencia que se desató en un estadio en Argentina donde los aficionados comenzaron a destruir las instalaciones. 

    Desgraciadamente, nada de esto nos coge por sorpresa, actos de este tipo se han repetido demasiadas veces y ya no llaman la atención. Nadie se va a echar las manos a la cabeza porque miles de personas llamen a un jugador "maricón", "mono", "hijo de puta" o lo que se tercie; es más, muchos opinan que deben aguantar lo que les echen, que para eso cobran esas cantidades astronómicas. Respecto a lo de Argentina, entre lo lejos que nos queda y lo insensibilizados que ya estamos ante estos actos, no creo que lleve a nadie a pararse dos minutos a reflexionar sobre el suceso.

    Sea como fuere, en cuanto vi esta doble noticia, pensé "ya tengo tema para el blog" y no porque quiera comentar estos hechos en particular, ni tampoco pretendo abarcar este fenómeno tan complejo de la violencia en el mundo del fútbol. Lo que ocurre, es que me acordé de lo que he vivido yo en el estadio de El Sardinero y me parece interesante dar ese punto de vista.

    Voy a dejar al margen a los grupos ultra porque son grupos organizados, tienen una ideología política en común, tienen trato preferente en muchos de los clubes y se merecen un capítulo aparte. De quien quiero hablar es de la gente común que paga entre cien y 600 euros o más por un abono de temporada para ir uno de cada dos domingos a ver un partido de fútbol. Esta gente va, en ocasiones, sola y la mayoría de las veces, con familiares o amigos.

    Yo he ido durante cuatro temporadas al estadio de El Sardinero (02-03; 03-04; 07-08; y 08-09) durante las cuales, me he sentado en tres zonas distintas. Me parece bochornoso el comportamiento de la gente, tanto, que considero que no es un lugar apto para llevar a niños pequeños. Yo miraba a la gente que tenía alrededor como las vacas al tren. No entendía nada. Allí se insulta hasta al apuntador. Linieres, árbitro, jugadores del equipo visitante, jugadores del equipo local, entrenador propio, entrenador ajeno, hinchada rival… Y el insulto sale a la mínima, da igual que –pongamos por caso– sea un fuera de juego claro, dudoso o inexistente, si el linier levantó el banderín, lluvia de piropos.

    Yo concibo que una persona pague esa cantidad de dinero por un abono, gaste dos horas de su tiempo viendo un partido de fútbol –muchas veces pasando frío y mojándose– para pasárselo bien y disfrutar. Por supuesto, entiendo que se cante, que se anime y entiendo que se les griten cosas a los que están sobre el terreno de juego pero sin entrar en el insulto, porque me parece una falta de educación y una falta de respeto total para gente que lo que está haciendo es nada más y nada menos que su trabajo. Es que no me imagino a nadie sentado en una oficina o a una persona detrás de un mostrador siendo insultadas tan gratuitamente por cualquiera que le apetezca hacerlo. Además, la gente que insulta se pone el listón muy bajo. Si a un jugador, por fallar un penalti, le gritan “hijo de puta, me cago en tus muertos”, ¿qué le van a decir a alguien que les haga una faena personal de cierta importancia?  


    Todos tenemos problemas y tensión acumulada pero un estadio de fútbol no es el sitio para desahogarse. Si alguien va a los partidos con ese propósito, recomiendo que se compren un saco de boxeo o que se vayan al monte e insulten al aire. Pero para ir a ver un partido, hay que ir con otro talante, con ganas de pasar un buen rato y disfrutar del momento.

    No creo, para nada, que esté justificado por el dinero que cobran los profesionales la posibilidad de proferir insultos a esta gente y creo que hace falta cambiar radicalmente la concepción que tenemos sobre este tema. Es una cuestión de educación y civismo muy importante. Apelo al ingenio y al buen humor para gritarles cosas a los árbitros y a los jugadores, seguro que habrá algún vecino de grada que lo agradecerá.