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domingo, 23 de abril de 2017

Mis novelas

 

      ¿Hola? Si queda algún lector o lectora del blog por aquí, os diré que este último parón se debe a que se me estropeó el ordenador el pasado mes de diciembre y aún no me he comprado otro… Con esto os quiero decir que la sequía perdurará hasta que adquiera uno nuevo. Sin embargo, me las he apañado para publicar esta entrada en honor al día del libro.

     Si recordáis, en años anteriores “celebré” el día del libro con una sección llamada “la recomendadora de libros” y valoré publicar la tercera entrega en esta ocasión, pero también tenía pendiente hablaros de mis propias novelas y me parece que no hay tema más adecuado que este para la entrada del día del libro.

     Os confesé en la primera entrada de este blog mi atracción por la escritura, curiosamente, ahí os comentaba que este interés lo había canalizado a través de cuentos, cartas, diarios… pero no mencionaba las novelas; y es que el tema novela se merece capítulo aparte.

     Las novelas suponen un salto de categoría porque representan un reto mayor y una complejidad incomparable con respecto a lo que pueda suponer el hecho de decir: hay tal o cual noticia de actualidad voy a escribir mi opinión. Para escribir una historia hay que tener un tema, saber cómo desarrollarlo, pensar en un final que dé sentido a todo y que esté a la altura de lo anterior y por último tener (o buscar) toda la información sobre los detalles de lo que explicas que den la coherencia.

     Ideas (temas) muchas, infinitas. Para esto no tengo problema, me van asaltando por la calle. Lo complicado está en lo siguiente: el desarrollo. Ser capaz de elaborar toda una historia con el suficiente empaque a partir de una idea sencilla.

     Los primeros temas que me vinieron a la mente, hace ya muchos años, intenté llevarlos al papel pero se quedaron en unos primeros pocos capítulos estériles. Dados estos antecedentes, cuando me asaltó otra idea en 2008 (Un sueño de papel), pensé que iba a ocurrir lo mismo, que iba a quedar en agua de borrajas. Por ese motivo, para justificarme ante mí misma que no iba a ser una pérdida de tiempo, empecé a escribirlo en inglés. De ese modo aprovechaba para aprender un poco. Creo recordar que fue tras el cuarto capítulo cuando me di cuenta de que aquello iba para adelante y que el hecho de escribirlo en inglés me estaba limitando para expresar todo lo que quería. De modo que traduje lo que llevaba escrito y continué hasta terminarla, aproximadamente doce meses después.

    Una vez terminada, contacté con algunas editoriales, tentativa que no fructificó. Bueno, en algún caso me propusieron afrontar parte de los costes pero no es lo que me interesaba. Entiendo que haya personas que su meta, por encima de todo, sea publicar porque quieren hacer (o intentar) carrera con esto. Yo no. Escribo porque me gusta, cuando me apetece y si tengo algo que contar. No pretendo nada con ello más que mi propio deleite. Solo quería que saliera a la luz si alguien pensaba que era lo suficientemente bueno para salir a la luz, de lo contrario, no tenía ningún problema en que se quedara en mi cajón.

     El caso es que en febrero del año pasado recibí un correo electrónico del Rincón de Novela Romántica de B de Books (sello digital de Ediciones B) donde me comentaban que dado que mi novela había alcanzado la última ronda del Certamen de Novela Romántica Vergara-RNR de unos años anteriores, cuando yo lo había enviado, querían hacerme una propuesta para su publicación en formato digital. Sobra decir que acepté sin pensármelo dos veces. Y aprovecho esta entrada para agradecérselo.  

     Entre los meses de julio de 2014 y febrero de 2015 escribí una segunda novela (El bote de espinas). Tras ver publicada la primera con B de Books en agosto de 2016, les comenté directamente que tenía una segunda. La valoraron y también accedieron a publicarla. Esta segunda vio la luz en febrero de 2017.

     Y esta es mi experiencia. No tengo ninguna otra historia en el cajón ni nada entre manos. Estas dos las escribí porque eran el tipo de historia que me hubiera gustado encontrar como lectora en ese momento. Me encantó escribirlas, disfruté infinito y si alguien se anima a leerlas, espero que también os gusten. Tenéis la información para conseguirlas en el blog, en la columna de la derecha.

viernes, 2 de septiembre de 2016

Burkini


    Quién lo iba a decir. Yo ya consideraba este blog como una experiencia con fecha de caducidad vencida, pero miren por dónde, un año después me ha vuelto a picar el gusanillo de publicar algo; ¿la causa? El burkini. Tanta polémica ha suscitado como para estar en el menú de toda tertulia veraniega que se precie y, finalmente, a mí también me ha apetecido opinar, allá vamos.

    En primer lugar he de decir que me parece triste. Triste el hecho de que los focos estén proyectados sobre una prenda para ir a la playa, como si todos los problemas de igualdad se redujesen (y se solucionasen) con el atuendo que una mujer decide ponerse para bañarse en el mar. Reconozco que tampoco me sorprende, en este país somos expertos en ver correr ríos de tinta sobre las noticias más frívolas e insignificantes mientras nadie se hace eco de los asuntos verdaderamente trascendentales.

    Les propongo hacer un ejercicio. Imaginen lo siguiente. Un día cualquiera soleado y caluroso de agosto. Una playa de Alicante, está abarrotada. ¿Cómo se imaginan a la gente que está ahí? ¿Qué llevan puesto los bañistas? A ver si coincidimos. Los hombres, torso desnudo y bañador tipo bermuda. Las mujeres, bikini dos piezas. Qué coincidencia, ¿no? Quiero decir, si en Occidente somos taaaaaaan libres para elegir lo que nos queremos poner, ¿por qué todos vamos iguales? ¿Por qué nadie lleva traje de baño tipo años 20 que era una especie de mono con tirantes y hasta los muslos? ¿Por qué nadie va… qué sé yo… con el traje de Superman? Podríamos aprovechar nuestra amplia libertad para ir cada uno a su manera, pero vamos todos cortados por el mismo patrón, qué raro, ¿no?

    A lo mejor no es tan raro. A lo mejor es que no tiene nada que ver con la libertad. Abramos los ojos. No estamos hablando de libertad. Estamos hablando de costumbres sociales, presión social, aprendizajes, entorno, cultura, roles. Lo mismo que pasa aquí pasa en Oriente, solo que esas costumbres y esa cultura son diferentes a las nuestras. Lo que aquí ha evolucionado en enseñar carne allí ha evolucionado en taparla. No creo que haya que hacer un problema de eso.

    Les estoy oyendo pensar. No me rebatan diciendo que el problema es que allí esa cultura y esas costumbres son machistas porque… ¡Buenos días! Nuestra cultura también lo es.

    No se va a solucionar absolutamente nada prohibiendo el burkini como ha ocurrido en algunas playas de Francia. La imagen de unos policías obligando a una mujer a quitarse ropa en una playa de Niza es lo más humillante que he visto en años. Con este tipo de medidas lo único que se va a conseguir es que las mujeres que lo usan se queden en su casa. Flaco favor les hacen los libertadores occidentales.

    En mi opinión, no supone ningún problema que quien quiera vaya medio desnudo a la playa o cubierto. No debería estar en el candelero, no debería suscitar polémica, no debería ocupar minutos en televisión y mucho menos es necesario legislar al respecto. Solo se puede hacer una única cosa con el burkini: respetarlo.

    Lo que sí supone un problema y muy grande es la desigualdad de género. Pero no nos confundamos. No solo existe en las sociedades islamistas. Lo tenemos en casa, pero siempre es más cómodo pensar que el opresor es un tío que vive en el desierto de Pakistán con 50 centímetros de barba y que lapidó a su mujer mientras que aquí todo es guay porque a fin de cuentas aquí las mujeres votan, trabajan fuera de casa, van a la universidad y todo eso. Ya.

    Pues un consejito gratis para terminar. Si tan preocupados están por la igualdad de la mujer, empiecen por su casa.

domingo, 23 de agosto de 2015

Pride

  Resucito de los blog muertos para recomendaros una película: Pride. Un largometraje basado en hechos reales que acontecieron en Inglaterra durante el año 1984.

  Los mineros se declararon en huelga y un grupo de homosexuales asociados bajo el nombre de Lesbians and Gays Support the Miners decidieron ayudarles recaudando fondos. El Sindicato Nacional rechazó su ayuda por proceder de pervertidos desviados pero ellos, en lugar de sentirse ofendidos y arrepentirse de haber movido un dedo para colaborar, decidieron puentear al sindicato y contactar directamente con un pueblo minero de Gales.

  El plan B no es que fuera un camino de rosas, también hubo reticencias e intolerancia pero vemos una bonita historia de cómo los muros del desconocimiento y la desconfianza van cayendo dando paso a una verdad tan básica que no sé en qué momento la Humanidad olvidó. Todo esto provocado simplemente por la solidaridad que se despertó al querer ayudar a un colectivo a reivindicar sus derechos laborales.

  La mezcla gays – mineros en una historia es rara. Rara en el sentido de poco habitual, poco frecuente. Y por eso, porque tenemos este mix, no tenemos frente a nosotros una película típica de colectivo homosexual luchando contra la intolerancia ni una película típica de grupo de trabajadores en pie de guerra para conseguir condiciones laborales más justas o para no perder su trabajo. Lo que tenemos es una fusión que es mucho más que la suma de las partes.

  Por cierto, el final conmovedor, no dejéis de verla.

domingo, 8 de marzo de 2015

Día Internacional de la Mujer

Hoy, 8 de marzo es el día internacional de la mujer. No sé si es cosa mía pero tengo la impresión de que hace años este día pasaba sin pena ni gloria pero de un tiempo a esta parte se le da mucho bombo. De hecho, creo que podíamos sustituir la palabra “día” por “semana” de la mujer porque los actos se suceden desde hace varias jornadas.

Con esta entrada quiero celebrar, a mí modo particular, este día, y lo quiero hacer alejándome de grandes discursos por el motivo que luego os explicaré; pero el hecho de ponerme a escribir me ha hecho preguntarme por qué el 8 de marzo, dónde está el origen de esta reivindicación. Así que si me permitís, muy brevemente, vamos a hacer un repaso histórico.

Los antecedentes del Día Internacional de la Mujer se sitúan en Estados Unidos. En 1909 se celebró en Nueva York un “día nacional de la mujer” organizado por mujeres socialistas como forma de apoyar a las trabajadoras del sector textil. Un año después, en la II conferencia internacional de mujeres socialistas que se celebró en Copenhague, se abogó por contar con un Día Internacional de la Mujer, fijándolo el 8 de marzo.

Cómo os decía anteriormente, no quiero entrar a relatar grandes proezas, que por supuesto ahí están y se merecen todo y mi respeto y admiración, y por qué no decirlo también, mi envidia. Pero creo firmemente que la clave para avanzar en esta materia está en lo poco o mucho que cada uno pueda, podamos, hacer en nuestro entorno y es por este motivo, por el que la forma en la que quiero celebrar este día es contándoos una pequeña gran historia como tantas otras.

El mes pasado, leí un libro titulado “Escuela de belleza de Kabul” que relata las vivencias de Deborah Rodríguez en Afganistán. Deborah es una mujer estadounidense, peluquera, que en el año 2001 decidió viajar a Afganistán con la ONG de la que era miembro.

Conocéis la situación de Afganistán, un país en conflicto permanente. La mayoría de los compañeros que viajaban con Deborah (“Debbie”) era personal sanitario, y para ellos era muy fácil saber qué tenían qué hacer y cómo podían ayudar. Sin embargo, la protagonista de nuestra historia estuvo días perdida y sintiéndose poco útil, hasta que se le ocurrió que podía colaborar haciendo lo que mejor sabía hacer: poner en práctica sus conocimientos profesionales.

Debbie acabó montando una escuela de belleza para enseñar a las mujeres afganas peluquería para que a la postre, pudiesen tener una profesión y ser independientes.


Os podéis imaginar la magnitud de esta obra. No olvidemos que Afganistán es uno de los países donde es más difícil ser mujer. Dependen de los hombres, apenas se les da oportunidades de formación, sus derechos brillan por su ausencia, sus opiniones no valen nada… Bien, pues gracias a esta escuela de belleza, algunas mujeres pudieron formarse, aprender un oficio, abrir su propio negocio y ganar su propio dinero.

martes, 6 de mayo de 2014

Pendientes



  Hola amigos, bienvenidos a un nuevo episodio de “no lo entiendo”. En el capítulo de hoy, “¿por qué mierdas mutilas a tu hija?”.
       
   Pues nada, que resulta que el otro día vi a un bebé (niña, evidentemente) con sus pendientucos monísimos y se me encendió la bombilla. Dije: esto para el blog. Yo ya tenía mi opinión formada sobre el asunto y si todavía no habéis deducido cuál es, en un par de párrafos os la cuento pero para escribir esta entrada y, antes de ponerme a despotricar, he querido indagar un poco y conocer si existe un debate sobre este tema y cuál es el sentir general, y tengo que deciros que he flipado y he aprendido cosas nuevas. Os cuento primero mis pesquisas.

     - Resulta que antes, las matronas hacían los agujeros en el propio hospital a las pocas horas de dar a luz. Cogían al bebé, le hacían las pruebas médicas rutinarias, peso, medida, prueba del talón, etcétera  y si no tenía nada colgando en la entrepierna: taladro por la derecha, clic, taladro por la izquierda, clic, y listo. Lo que no sé es si preguntaban a la madre su deseo o se daba por hecho.

     - Actualmente, hay algunas matronas y enfermeras que lo siguen haciendo, es a voluntad. Pero si no te lo hacen en el hospital, y lo quieres, pues llevas al bebé a la farmacia y se hace allí. ¿Diferencias? Primera, económica. En el hospital es gratis. Las gafas graduadas tienen un 21% de IVA, pero oye, si hay que ponerles pendientes a las niñas, para eso está papá Estado. Y segunda diferencia. En el hospital, te cogen a la cría, se la llevan y te la devuelven perforada, mientras que en la farmacia la tienes que sujetar tú y ver cómo sufre cuando se lo hacen. Esto es como comer un filete, si lo compras en la carnicería guay, pero si tienes que matar tú a la vaca, pues a lo mejor ya pasas de comer filete.

     - ¿He dicho que sufren? Sí, les duele y tal. Es que también he visto que hay una creencia generalizada de que no se enteran y que por eso es mejor hacérselo cuanto antes. Como muestra un botón, esto que he cogido de Internet. 


    Pero también me quedo con este vídeo que he visto en el blog de un médico que escribe en contra de esta práctica y que ironiza diciendo “como vemos, el bebé llora de hambre”. Es importante diferenciar que no les duela a que no se acuerden, porque es distinto. Doler les duele, y no se acordarán pero hay otra cosa a tener en cuenta respecto a esto: el umbral del dolor. Cada persona tiene un umbral del dolor y queda condicionado por las experiencias de dolor que se han tenido en la vida.

   - He leído un suceso que me ha parecido muy curioso. En Alemania, unos padres le hicieron los agujeros a su hija de tres años que estuvo llorando durante días por ello. La llevaron al médico y éste dijo que la cría tenía síndrome de estrés post traumático y a los felices padres no se les ocurre nada mejor que denunciar al tipo que agujereó a la niña aludiendo que lo había hecho mal. Total, que va el juez encargado del caso y denuncia a los padres por haber mutilado a la niña. Y a raíz de esta historia, el parlamento alemán estudia considerar esta práctica como atentado contra la integridad corporal.

    Hasta aquí, lo que he encontrado navegando por ahí y que no sabía. Ahora, mi punto de vista.

   ¿Por qué? Todo lo que tengo que decir se podría resumir en esa pregunta. Vamos, es que no lo entiendo, por favor, que alguien me lo explique. Cuál es el propósito, el objetivo que cumple. ¿Diferenciar niños y niñas? No creo que haga ninguna falta, pero en cualquier caso con el rosa / azul, juguetes, ropa y demás demases, ya está cumplido el cometido. De verdad, que no me entra. Oye, y si es porque es cool, ¿por qué solo a las niñas? Ya no está mal visto que los tíos también lleven pendientes. Y ya puestos, ¿por qué no en la ceja o en el ombligo? A mí me mola más. Y por la regla de tres que se aplica, pues para cuando sean mayores ya lo tienen hecho y no se acuerdan del dolor…

   En fin, que es lo de siempre, tradiciones que no se cuestionan. Borreguitos a pastar. Os lo prometo: todavía no se cobra por pensar, nos podemos plantear las cosas y decidir si las queremos hacer o no. Es fácil: ¿quiero infligirle a mí bebé un dolor totalmente innecesario que conlleva un resultado que no le va a aportar nada en la vida? Respondan ustedes mismos.

P.D. Un saludo al lobby de joyeros que me estará leyendo.


lunes, 8 de abril de 2013

Christian Grey versus Brian Kinney

Si últimamente has estado de vacaciones en algún planeta del sistema solar que no sea la Tierra, quizá aún no sepas quién es Christian Grey (en adelante CG) en cuyo caso, te pondré al día.
CG es el protagonista de la trilogía literaria “50 sombras”. Un conjunto de novelas eróticas que relatan una relación marcada por las excéntricas preferencias sexuales del señor Grey y por su turbio pasado. Las novelas de la trilogía han batido récords de ventas y han dado lugar a opiniones de todo tipo. Precisamente porque han corrido ríos de tinta sobre el libro, yo no he querido escribir una entrada más dando mi punto de vista sobre si la popularidad que ha alcanzado es merecida, sobre su calidad literaria, sobre su trama, etc. Sin embargo, sí quiero hablar de su protagonista, CG, y de ese efecto que causa en muchas de las mujeres que lo han conocido a través de las páginas.
Con ‘efecto’ quiero decir atracción. No hace falta más que ver algunos blogs, echar un vistazo a las redes sociales y poner la oreja en un par de conversaciones de cafetería para darse cuenta de que la mayoría de las lectoras pierden las bragas por CG. Sin tener que separar la mano del ratón, puedes comprobar la cantidad de páginas que existen en facebook (“yo quiero más de CG”, “sumisas de CG”, “obsesionadas con CG”, “yo también quiero un CG en mi vida”, etcétera). Y es que no lo entiendo. ¡No lo entiendo! A mí me parece despreciable. 
Matt Bomer podría ser Christian Grey en la adaptación al cine
 No tengo ni idea de qué es lo que gusta de él (exceptuando el físico) pero puedo ofrecer una ristra de sus características / actos por los cuales me parece de todo menos deseable. Veamos, es controlador, posesivo y celoso. Investigó a la chica que le gustaba y creó un dossier con sus datos personales que incluía desde las personas que componían su familia hasta su número de la seguridad social. Si eso no es acoso, ¿qué lo es? Controla su alimentación, su ciclo menstrual, el ejercicio, la ropa… le pone guardaespaldas que le informan de dónde está ella en todo momento, compra la empresa donde ella empieza a trabajar aunque posteriormente le pide que deje el trabajo ya que él puede mantenerla y le propone matrimonio para que todo el mundo sepa que “es suya”. La aleja de sus amigos y la colma de regalos caros como coches deportivos sobre los que él decide cuándo puede usarlos. Él es un tío que no tiene amigos, está todo el día pensando en follar y quiere que “todo su mundo empiece y acabe en ella”, lo cual me parece insano. ¿De verdad queremos un tío así? ¿Estamos tontas o qué?     
No sé porqué, mientras leía 50 sombras… no podía evitar comparar el personaje de CG con el de Brian Kinney (BK) –protagonista de la serie Queer as Folk–, a mi modo de ver, la antítesis de Grey. BK tiene muchos defectos pero yo tengo predilección por este personaje y CG podría aprender mucho de él sobre cómo tratar a una pareja. 
Gale Harold como Brian Kinney
 Brian es anti-compromiso pero explica de antemano qué es lo que se puede esperar de él. Al igual que le ocurre a Grey, alguien que espera poder cambiar su lado oscuro, se enamora de Brian y empiezan una relación llena de matices. BK podría haberse comportado de manera sobreprotectora y rayando en la obsesión por la seguridad (como hace CG) con su pareja ya que tiene 10 años menos que él, se marchó de casa de sus padres aún siendo estudiante y sufrió una agresión. En cambio, Brian dejó que su pareja tomara sus propias decisiones, que se equivocara, que se marchara y que volviera, que persiguiese sus sueños aunque estos estuviesen lejos de él. Fue dando su brazo a torcer poco a poco (en cuanto a compromiso se trababa) y nunca prometió nada que no cumpliera después. Después de estar mucho tiempo renegando del matrimonio, le propuso casarse porque sabía que eso le haría feliz.   
Las películas, los libros, las series y si me apuráis, las canciones relatan las historias que sus autores nos quieren contar y no tienen porqué ser modelo de ninguna conducta ni ideal de nada. Más bien, en cada uno de nosotros tiene que estar el criterio para decidir qué ideales queremos perseguir; y mi criterio me dice que un Christian Grey de la vida, cuanto más lejos, mejor.   

martes, 22 de marzo de 2011

Clara Campoamor

    Érase una vez un país en el que las mujeres no podían elegir a sus gobernantes pero sí podían ser elegidas como tales. En esta paradójica situación se vio envuelta Clara Campoamor, que fue elegida diputada durante la II República por el Partido Radical y desde su posición, fue la abanderada de la reivindicación del voto femenino, para que el sufragio universal fuera universal de verdad.

    Finalmente, el voto femenino salió adelante en España en 1931 durante el primer año de gobierno de la II República y tras un duro debate en el parlamento entre Clara Campoamor y Victoria Kent; esta última, también perteneciente al Partido Radical, y que estaba en contra de darle a las mujeres el derecho a votar, al igual que una parte importante de la izquierda.

    Hoy, es 22 de marzo (22-M) y el próximo 22-M del calendario (22 de mayo), estamos llamados a las urnas. Las encuestas prevén que la abstención será alta, sobre todo, entre los jóvenes. Los motivos por lo que la gente no va a ir a votar no se le escapan a nadie. La política, desde hace unos años, lleva una tendencia al desprestigio cada vez mayor e imparable. Las tramas de corrupción, los enchufismos, las bolsas de basura, las licencias de construcción ilegales y demás delitos ya asquean a la gente. Muchos ciudadanos ya no creen en la política ni en los políticos.

    Aunque algunas personas estén desencantadas con la política, creo que es importante recordar todo lo que lucharon muchos hombres y mujeres –como Clara Campoamor, por eso he querido hacer hoy esta reseña– para darle al pueblo ese derecho que, aunque es suyo, le fue negado durante demasiados años: el derecho a decidir su futuro, la posibilidad de hacer que este mundo se parezca un poco más al lugar con el que sueñan para vivir.

    Así que, desde aquí, os invito a mirar la política como un tren de oportunidades, como algo que dejará de ser negativo si contribuimos a que sea positivo. Porque no todos son iguales, porque está en nuestras manos, ejerce tu derecho: ¡VOTA!

lunes, 7 de febrero de 2011

Mutilación genital femenina.

        No tenía ni idea de qué publicar hoy, estuve buscando noticias o algo que me diera pie a escribir sobre ello pero no encontré nada y apagué el ordenador pensando que hoy sería día de barbecho en el blog. Cogí un periódico de tirada nacional para hacer un poco de tiempo y vi que el 6 de febrero es el día mundial contra la mutilación genital femenina. Pensé que era un buen tema para escribir sobre él, encendí otra vez el portátil y aquí estamos.

Creo que cuando pensamos en ablación, nuestra mente viaja al continente africano y nos imaginamos tribus primitivas que hacen rituales mágicos y que adoran a dioses de todo tipo. Pero la realidad es que, debido a las migraciones, en España, se estima que hay 10.000 niñas en riesgo de sufrir ablación. Parece mentira, pero esto le puede haber ocurrido a tu vecina de enfrente o a tu compañera de la universidad. La mutilación genital femenina no tiene que ver con la religión. Está ligada a la cultura y se practica de generación en generación como una macabra tradición. Se realiza cuando las niñas tienen entre 4 y 14 años, aunque en la mayoría de casos se hace durante la pubertad ya que, normalmente (aunque puede variar entre tribus), marca el cambio del paso de niña a mujer e indica que la chica ya puede contraer matrimonio. También se hace para mitigar la sexualidad femenina dado que se alega que los genitales son sucios, impuros y antiestéticos. Se lleva a cabo por ‘circuncidadoras’ sin ningún rigor médico, sin ningún tipo de anestesia lo que puede acarrear contagio de sida, hepatitis e infecciones agudas. La muerte por pérdida de sangre no es poco habitual.

        En fin, creo que no hace falta entrar a valorar que es una práctica salvaje y un sinsentido más de nuestra especie porque supongo que todos estamos de acuerdo con eso. Por mi parte, lo único que cabe decir es que, a pesar de que coincidamos en esta opinión, este problema no es algo en lo que pensemos ni por lo que nos preocupemos, y hoy por hoy, que existen días mundiales para casi todo, me parece bien que haya uno que nos recuerde que tres millones de niñas están siendo mutiladas cada año para que no se convierta en otra injusticia de las que sabemos que ocurren pero que tenemos enterradas en los fondos de nuestras conciencias.

        Para terminar, pongo el final de la película titulada ‘flor del desierto’ está basada en el libro homónimo de Waris Dirie en el que habla de su experiencia personal. Esta mujer creó la fundación que lleva su nombre que lucha contra la mutilación genital femenina. Yo no conocía dicho libro ni a su autora, tampoco la película, los he descubierto ahora, mientras buscaba información para escribir esta entrada y me ha parecido interesante por lo que intentaré leerme el libro. Así que, vaticino que habrá algún próximo post sobre esta historia.


sábado, 29 de enero de 2011

Cuentos sexistas

        Los cuentos clásicos están en el punto de mira. Dicen que son sexistas; si ahondamos un poco en ellos, es fácil darse cuenta de que es cierto.  Están plagados de estereotipos y roles tradicionales femeninos y masculinos. Los personajes femeninos se caracterizan por la importancia que le dan a la belleza, son sumisos, enamoradizos, y su mayor preocupación es encontrar marido. Por su parte, los personajes masculinos, son heroicos, aventureros, valientes… Los magos son sabios y respetados mientras que las brujas son malvadas y repudiadas. Las princesas se quedan esperando en el palacio mientras que los príncipes salen a salvar el mundo. Y así, podríamos seguir poniendo ejemplos hasta el infinito.


        Nuestra sociedad sigue siendo machista. Sí, ha habido un gran progreso en los últimos tiempos pero aún queda mucho por hacer. Los estereotipos están arraigados con mucha fuerza en el pensamiento social, aún se dan muchas desigualdades en muchos planos de la vida y no hay que olvidar que, en este, nuestro querido siglo XXI, todavía una bochornosa cantidad de mujeres sigue muriendo a manos de sus parejas. Nadie duda de que la solución para acabar con las desigualdades entre hombres y mujeres es la educación. La educación en igualdad desde la tierna infancia, la llamada coeducación. Y qué duda cabe de que los cuentos son un elemento central en la educación de nuestros niños, tanto en los colegios como en las casas. Tanto es así, que desde sectores feministas más radicales se ha propuesto meter mano a los cuentos clásicos para eliminar todo atisbo de sexismo y situar a los personajes masculinos y femeninos a la misma altura.

        Las creaciones artísticas, ya estemos hablando de literatura, pintura, música, escultura, cine, teatro o cualquier otra, son el reflejo de una época, de una sociedad y de un lugar. Si las obras son machistas, xenófobas o clasistas es porque nuestra sociedad ha sido todo eso. Pero precisamente porque las creaciones artísticas reflejan la realidad de su época, son cultura, porque nos enseñan. Nos enseñan historia, psicología, filosofía, política, geografía… Nos cuentan como son o como eran las personas que pueblan nuestro planeta. Nos permiten reflexionar sobre las historias que nos cuentan y en nuestra mano está decidir si nos gustan o no, o si queremos escribir nuestra propia historia.

        Es obvio que, por iniciativa propia, los niños no reflexionan sobre la ética o la idoneidad de los contenidos de un libro que acaban de leer o sobre los de una película que acaban de ver. Los niños son esponjas que absorben todo lo que oyen y ven, por lo que entiendo perfectamente que ciertas personas decidan no leerles a sus hijos cuentos clásicos o no ponerles películas de Disney. Pero de ahí, a proponer cambiar los cuentos, hay un trecho. Estos cuentos son nuestro legado y manipularlos sería destruir cultura y un acto extremista y radical muy poco inteligente. Es muy loable y un ejemplo a seguir querer educar a nuestros niños en igualdad, pero para ello tenemos otras muchas herramientas. En lo que respecta a los cuentos, podemos prescindir de los clásicos hasta que crezcan un poquito y su capacidad crítica entre en juego; y por supuesto, tenemos la gran oportunidad de crear nuestras propias historias que se adapten a nuestros tiempos. Pero lo más importante, no hay que olvidar que lo que los niños leen en un cuento o ven en una serie de dibujos animados, no es más que eso: algo que han leído o han visto por la tele. De lo que realmente aprenden, es de lo que ven hacer a los adultos que tienen a su alrededor. Este es nuestro gran reto. Porque, después de todo, ¿cuántos de nosotros nos hemos criado con los cuentos clásicos y creemos y luchamos por la igualdad?