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domingo, 23 de abril de 2017

Mis novelas

 

      ¿Hola? Si queda algún lector o lectora del blog por aquí, os diré que este último parón se debe a que se me estropeó el ordenador el pasado mes de diciembre y aún no me he comprado otro… Con esto os quiero decir que la sequía perdurará hasta que adquiera uno nuevo. Sin embargo, me las he apañado para publicar esta entrada en honor al día del libro.

     Si recordáis, en años anteriores “celebré” el día del libro con una sección llamada “la recomendadora de libros” y valoré publicar la tercera entrega en esta ocasión, pero también tenía pendiente hablaros de mis propias novelas y me parece que no hay tema más adecuado que este para la entrada del día del libro.

     Os confesé en la primera entrada de este blog mi atracción por la escritura, curiosamente, ahí os comentaba que este interés lo había canalizado a través de cuentos, cartas, diarios… pero no mencionaba las novelas; y es que el tema novela se merece capítulo aparte.

     Las novelas suponen un salto de categoría porque representan un reto mayor y una complejidad incomparable con respecto a lo que pueda suponer el hecho de decir: hay tal o cual noticia de actualidad voy a escribir mi opinión. Para escribir una historia hay que tener un tema, saber cómo desarrollarlo, pensar en un final que dé sentido a todo y que esté a la altura de lo anterior y por último tener (o buscar) toda la información sobre los detalles de lo que explicas que den la coherencia.

     Ideas (temas) muchas, infinitas. Para esto no tengo problema, me van asaltando por la calle. Lo complicado está en lo siguiente: el desarrollo. Ser capaz de elaborar toda una historia con el suficiente empaque a partir de una idea sencilla.

     Los primeros temas que me vinieron a la mente, hace ya muchos años, intenté llevarlos al papel pero se quedaron en unos primeros pocos capítulos estériles. Dados estos antecedentes, cuando me asaltó otra idea en 2008 (Un sueño de papel), pensé que iba a ocurrir lo mismo, que iba a quedar en agua de borrajas. Por ese motivo, para justificarme ante mí misma que no iba a ser una pérdida de tiempo, empecé a escribirlo en inglés. De ese modo aprovechaba para aprender un poco. Creo recordar que fue tras el cuarto capítulo cuando me di cuenta de que aquello iba para adelante y que el hecho de escribirlo en inglés me estaba limitando para expresar todo lo que quería. De modo que traduje lo que llevaba escrito y continué hasta terminarla, aproximadamente doce meses después.

    Una vez terminada, contacté con algunas editoriales, tentativa que no fructificó. Bueno, en algún caso me propusieron afrontar parte de los costes pero no es lo que me interesaba. Entiendo que haya personas que su meta, por encima de todo, sea publicar porque quieren hacer (o intentar) carrera con esto. Yo no. Escribo porque me gusta, cuando me apetece y si tengo algo que contar. No pretendo nada con ello más que mi propio deleite. Solo quería que saliera a la luz si alguien pensaba que era lo suficientemente bueno para salir a la luz, de lo contrario, no tenía ningún problema en que se quedara en mi cajón.

     El caso es que en febrero del año pasado recibí un correo electrónico del Rincón de Novela Romántica de B de Books (sello digital de Ediciones B) donde me comentaban que dado que mi novela había alcanzado la última ronda del Certamen de Novela Romántica Vergara-RNR de unos años anteriores, cuando yo lo había enviado, querían hacerme una propuesta para su publicación en formato digital. Sobra decir que acepté sin pensármelo dos veces. Y aprovecho esta entrada para agradecérselo.  

     Entre los meses de julio de 2014 y febrero de 2015 escribí una segunda novela (El bote de espinas). Tras ver publicada la primera con B de Books en agosto de 2016, les comenté directamente que tenía una segunda. La valoraron y también accedieron a publicarla. Esta segunda vio la luz en febrero de 2017.

     Y esta es mi experiencia. No tengo ninguna otra historia en el cajón ni nada entre manos. Estas dos las escribí porque eran el tipo de historia que me hubiera gustado encontrar como lectora en ese momento. Me encantó escribirlas, disfruté infinito y si alguien se anima a leerlas, espero que también os gusten. Tenéis la información para conseguirlas en el blog, en la columna de la derecha.

viernes, 16 de septiembre de 2016

A vueltas con el hiyab

Noticia de eldiario.es
Septiembre, vuelta al colegio y vuelta a las mismas noticias que traen los colegios. Esto parece el día de la marmota. Ha vuelto a pasar. Otra vez, polémica porque no le permiten a una chica llevar velo en clase. ¿Cuántas veces habéis oído una noticia como esta? Creo que para este tema deberíamos hacer bueno el refrán de más vale una vez colorado que ciento amarillo.

No voy a entrar en debate velo sí / velo no en los centros educativos. El tema es complejo. Mi opinión va en la línea de lo que comentaba tres entradas atrás cuando hablaba sobre el burkini pero aun así es un asunto lleno de matices y sensibilidades y no acabo de adoptar una postura definida. Me podría “vender” a cualquiera que me argumentase bien su punto de vista.

Sea como fuere, sobre lo que sí opino con rotundidad es que no se puede permitir más esta situación. Se debe tomar una determinación responsable y seria y acatarla hasta las últimas consecuencias. Si se decide que se prohíben los símbolos religiosos en los centros públicos, que se prohíban TODOS los símbolos de TODAS las religiones y al que no le guste, que se busque otro centro. Si se decide que se permiten los símbolos que cada cual quiera portar a título personal, pues que así sea y que se respete por todo hijo de vecino. Y ya; fin de la historia.

Lo que no se puede aceptar son estas situaciones de república bananera, como en la última noticia que ha saltado y cuya foto acompaña esta entrada y en la que parece que la decisión queda restringida a la voluntad y parecer del director de este centro educativo. Esto no puede ser.

Ya está bien de poner a chicas en el foco mediático por circunstancias como esta. Por favor, que alguien ponga ya los puntos sobre las íes en este asunto y se zanje o de lo contrario voy a empezar a pensar que hay algún interés oculto por generar polémica en torno a estos temas, para crear divisiones; un “vosotros” y “nosotros”, un justificar medidas impopulares, un coartar libertades, un generar odio… Ya sabéis de lo que hablo.

viernes, 2 de septiembre de 2016

Burkini


    Quién lo iba a decir. Yo ya consideraba este blog como una experiencia con fecha de caducidad vencida, pero miren por dónde, un año después me ha vuelto a picar el gusanillo de publicar algo; ¿la causa? El burkini. Tanta polémica ha suscitado como para estar en el menú de toda tertulia veraniega que se precie y, finalmente, a mí también me ha apetecido opinar, allá vamos.

    En primer lugar he de decir que me parece triste. Triste el hecho de que los focos estén proyectados sobre una prenda para ir a la playa, como si todos los problemas de igualdad se redujesen (y se solucionasen) con el atuendo que una mujer decide ponerse para bañarse en el mar. Reconozco que tampoco me sorprende, en este país somos expertos en ver correr ríos de tinta sobre las noticias más frívolas e insignificantes mientras nadie se hace eco de los asuntos verdaderamente trascendentales.

    Les propongo hacer un ejercicio. Imaginen lo siguiente. Un día cualquiera soleado y caluroso de agosto. Una playa de Alicante, está abarrotada. ¿Cómo se imaginan a la gente que está ahí? ¿Qué llevan puesto los bañistas? A ver si coincidimos. Los hombres, torso desnudo y bañador tipo bermuda. Las mujeres, bikini dos piezas. Qué coincidencia, ¿no? Quiero decir, si en Occidente somos taaaaaaan libres para elegir lo que nos queremos poner, ¿por qué todos vamos iguales? ¿Por qué nadie lleva traje de baño tipo años 20 que era una especie de mono con tirantes y hasta los muslos? ¿Por qué nadie va… qué sé yo… con el traje de Superman? Podríamos aprovechar nuestra amplia libertad para ir cada uno a su manera, pero vamos todos cortados por el mismo patrón, qué raro, ¿no?

    A lo mejor no es tan raro. A lo mejor es que no tiene nada que ver con la libertad. Abramos los ojos. No estamos hablando de libertad. Estamos hablando de costumbres sociales, presión social, aprendizajes, entorno, cultura, roles. Lo mismo que pasa aquí pasa en Oriente, solo que esas costumbres y esa cultura son diferentes a las nuestras. Lo que aquí ha evolucionado en enseñar carne allí ha evolucionado en taparla. No creo que haya que hacer un problema de eso.

    Les estoy oyendo pensar. No me rebatan diciendo que el problema es que allí esa cultura y esas costumbres son machistas porque… ¡Buenos días! Nuestra cultura también lo es.

    No se va a solucionar absolutamente nada prohibiendo el burkini como ha ocurrido en algunas playas de Francia. La imagen de unos policías obligando a una mujer a quitarse ropa en una playa de Niza es lo más humillante que he visto en años. Con este tipo de medidas lo único que se va a conseguir es que las mujeres que lo usan se queden en su casa. Flaco favor les hacen los libertadores occidentales.

    En mi opinión, no supone ningún problema que quien quiera vaya medio desnudo a la playa o cubierto. No debería estar en el candelero, no debería suscitar polémica, no debería ocupar minutos en televisión y mucho menos es necesario legislar al respecto. Solo se puede hacer una única cosa con el burkini: respetarlo.

    Lo que sí supone un problema y muy grande es la desigualdad de género. Pero no nos confundamos. No solo existe en las sociedades islamistas. Lo tenemos en casa, pero siempre es más cómodo pensar que el opresor es un tío que vive en el desierto de Pakistán con 50 centímetros de barba y que lapidó a su mujer mientras que aquí todo es guay porque a fin de cuentas aquí las mujeres votan, trabajan fuera de casa, van a la universidad y todo eso. Ya.

    Pues un consejito gratis para terminar. Si tan preocupados están por la igualdad de la mujer, empiecen por su casa.

viernes, 16 de diciembre de 2011

Navidad

   Odio la Navidad. Los villancicos, los árboles, los belenes, las luces, los adornos, las cenas, las comidas, el mazapán, a Papá Noel y a los Reyes Magos, los anuncios de colonias, las uvas, las felicitaciones, las postales y la lotería. Creo que no se me olvida nada, pero si se me olvida algo: también lo odio.

   ¿Por qué tanta animadversión por la Navidad? Os estaréis preguntando. Bien. Para empezar, he de decir que yo no soy creyente de la religión cristiana, por lo tanto, no son mis fiestas, yo no tengo nada que celebrar; porque, por si a alguien se le ha olvidado (y yo diría que a más de uno parece que sí) en la Navidad se conmemora y se celebra el nacimiento de Jesucristo. El hecho de considerar que estás fiestas no tienen nada que ver conmigo puede explicar el desapego que tengo por la Navidad aunque no el profundo odio que la tengo. A eso puede contribuir más el hecho de que se empiecen a celebrar un mes antes de cuando realmente son. También el hecho de que se hayan convertido en una apología al consumismo sinsentido donde la gente empachada de tanto cordero, borracha de tanto champán y desubicada de tanta compra en centros comerciales abarrotados no sabe ni lo que está celebrando ni lo que está dejando de celebrar. O puede que sea un odio irracional provocado por algún trauma de la infancia que mi subconsciente me impide recordar como que Baltasar no me trajera el regalo que yo quería o como que me atragantara con un langostino en la cena de Nochebuena, quién sabe.

    A lo mejor, alguien que está leyendo esto está pensando: “ya, pero seguro que sí te gustan los regalos”. ¡Error! También odio los regalos. De hecho, creo que se merecen una mención especial.

    Dejando al margen los de los niños, lo de los regalos no lo entiendo. La mayoría (por no decir todos) se compran por compromiso. La gente se exprime el cerebro a ver si un poco de materia gris les da una idea de qué regalar para luego comprar cualquier cosa o lo mismo de siempre sin importar mucho que la otra persona realmente necesite o le guste lo adquirido. No nos engañemos, se compra lo que sea para rellenar el expediente y listo. Una vez entregados los regalos, lo que pasa la mayoría de las veces es que no es de su talla / no le gusta / ya lo tiene / no lo necesita para nada / ¡Joder otro pijama de abuelo! Y se quedará almacenando polvo en algún rincón de la casa en el peor de los casos y se reutilizará como regalo para otra persona, en el mejor. Yo no entiendo porqué la gente no hace regalos a los demás cuando realmente les apetece y quieren regalar algo que les ha llamado la atención y creen que a la otra persona le va a gustar en vez de sentirse obligados a hacer un montón de regalos un día en concreto que serán inservibles y gastándose un dinero que se pueden gastar en ellos mismos en algo que realmente les haga falta o en algo que vayan a disfrutar. 

   Creo que metiéndome con la Navidad no voy a hacer muchos amigos, en cualquier caso: ¡Feliz…   invierno!

lunes, 28 de marzo de 2011

Jóvenes

    Esta semana se han dado dos noticias relacionadas con los jóvenes que han sido bastante difundidas y a las que yo les encuentro un punto en común.

    La primera de ellas, es sobre la desmitificación de la llamada generación ni-ni. Lo cierto es que no he ido mucho más allá del titular. Sé que el instituto injuve publicaba los resultados de un estudio sobre la situación de los jóvenes y, al parecer, los ni-ni representaban el 1%. Son muchos menos de lo que se creía, es decir, la excepción. Estos datos reflejan que los jóvenes no están tan ociosos como algunos pensaban, que no solo piensan en ir de botellón y en tunear el coche, sino que la inmensa mayoría de los jóvenes se preocupan por su presente y por su futuro. La segunda noticia a la que me refiero es sobre las protestas que se han llevado a cabo en la Universidad de Madrid por parte de algunos estudiantes y algunos profesores para que se retiren del campus las capillas.


    Para quien no esté muy enterado sobre el tema este de las capillas en la universidades, haremos un breve repaso. Todo comenzó a finales del año pasado en Barcelona, poco después de la visita del Papa. Allí, varios estudiantes protestaron para que eliminen la capilla de la universidad. A la Universidad de Barcelona, le siguieron otras, una de ellas, la Complutense de Madrid. El caso de Madrid ha sido el más sonado porque, durante las protestas en la capilla, algunas chicas se desnudaron de cintura para arriba, lo que provocó la reacción de distintos colectivos. Uno de ellos, el centro de estudios "Tomás Moro" que presentó una querella criminal, también del sindicato de extremaderecha "manos limpias" que interpuso una denuncia y del arzobispado de Madrid que puso una queja ante el rector de dicha universidad, todo ello en base a "profanación de lugar sagrado" que es un delito contemplado en el código penal.

    Bien, vaya por delante decir que yo estoy de acuerdo con la retirada de las capillas de las universidades públicas. Me parece que no pintan nada en ese lugar. Si quiero un libro, voy a una biblioteca, si quiero ver una película, al cine, si quiero hacer deporte a un gimnasio, así que, el que sea creyente y quiera orar o asistir a oficios que vaya a la iglesia, a la mezquita o a lo que le corresponda según su religión. Punto. Yo no le encuentro más vuelta de hoja a este tema. Pero lo que yo quería comentar –y es lo que tiene relación con la primera noticia a la que hacía referencia– es que los jóvenes están despiertos, tienen inquietudes y se mueven por ellas. Nos podrá parecer más o menos trascendental el objetivo de sus movilizaciones pero lo importante es que lo tienen –lo tenemos–. Tenemos nuestras ideas y queremos tener voz y voto en la sociedad. 

    De modo que me alegra esta noticia en oposición a una que vimos en Cantabria este verano. La prensa nos informaba de que los padres (¡¿los padres?!) de los alumnos que querían entrar en la facultad de medicina protestaban por el sistema de acceso a la misma.


    Como digo, –y repito– me parece muy bien que los jóvenes se movilicen por algo que les inquiete independientemente de lo que sea esto; por eso me parecen deleznables las palabras de Carlos Herrera en su artículo de opinión en la revista XL semanal sobre este tema. Titula su artículo "basura universitaria" y paso a citar algunas de las palabras que utiliza para referirse a los estudiantes de Madrid que participaron en la protesta: […] energúmenos borrachuzos […] descerebrados radicales […] calientan su temperatura intelectual con calimocho y garrafones […] chusma universitaria […] matones de la peor escoria […] valiente muchachada comedora de basura ideológica, etc.

    No se merece ni contestación. Todos sabemos que a unos cuantos les encantaría que los jóvenes, y los no jóvenes, viviesen aletargados sin pensar por sí mismos, sin levantar la voz, sin estudiar y, si me apuras, sin saber leer ni escribir.

domingo, 13 de marzo de 2011

Teoría de la evolución

     La teoría de la evolución de Charles Darwin (1809-1882) fue un gran hito en la historia de la ciencia mundial y aunque ya tiene más de siglo y medio, sigue estando vigente, sigue creando polémica y sigue siendo la base de muchas otras teorías científicas en diferentes campos.

    Como es archiconocida y se estudia en los colegios, no vengo a descubrirla ni a contar nada de ella ni de su autor. Sin embargo, si que me gustaría compartir algo relacionado con todo esto, que por ser casi anecdótico, es más desconocido.

    Como es sabido, Darwin desarrolló su teoría a raíz de haber hecho un viaje a bordo del Beagle que duró cerca de cinco años y le llevó a distintos puntos de Sudamérica, a Australia y a otras islas de los océanos Índico y Pacífico. Bien, pues el capitán del Beagle era un hombre llamado Robert FitzRoy (1805-1865) cuya misión para el viaje era hacer estudios hidrográficos de las diferentes zonas visitadas, pero junto a eso, también tenía el objetivo de encontrar pruebas que demostraran la veracidad del Génesis, ya que era un religioso fundamentalista.  

    Después de haber terminado el viaje y una vez que Darwin publicó El origen de las especies, FitzRoy se sentía muy culpable de que su expedición hubiera tenido unas consecuencias tan desfavorables para la religión cristiana y para su libro sagrado, por lo que se pasó el resto de su vida apelando infructuosamente a Darwin para que se retractara de su teoría.

    Acudió a un debate sobre la teoría que tuvo lugar en la universidad de Oxford siete meses después de la publicación del libro de Darwin. Allí, atacó El origen de las especies y, alzando una Biblia, suplicó a los presentes que creyeran en dios antes que en el hombre. Al final, su inflexible tradicionalismo junto con sus fracasos profesionales, lo convirtieron en un hombre huraño y abatido, que terminó suicidándose cuando tenía 60 años de edad.

El almirante Robert FitzRoy
     Es triste que el debate creacionismo versus evolución siga abierto a día de hoy en ciertos lugares; valga esta paradójica historia para recordarnos que los conocimientos que hoy tenemos acerca de lo que nos rodea, del mundo en que vivimos y del espacio son teorías y, seguramente, muchas de ellas serán refutadas por lo que, lo que hoy es blanco, mañana será negro; pero creo que lo importante es mantener una actitud abierta y flexible ante los nuevos conocimientos porque, de un modo u otro, seguro que podemos extraer algo positivo de ellos.

martes, 1 de marzo de 2011

Bautizos

    El pasado domingo acudí por imperativo familiar a un bautizo, lo que me ha llevado a una reflexión que plasmo en esta entrada. Por razones obvias, no voy a hablar de este caso en particular, pero sí de una tendencia general que percibo y que también es extensible a las comuniones.   
        
    Quiero hacer distinción entre las familias religiosas que, como tal, acatan la doctrina que impone la creencia que profesan (en el caso del cristianismo, van a misa los domingos, confiesan sus pecados, etc.) y aquellas otras familias que la religión no pinta nada en su vida pero que bautizan a sus hijos, les instan a que hagan la comunión, se casan por la iglesia y demás. No tengo nada que decir sobre las familias que se encuentran en el primer caso, dado que viven en la fe y son coherentes con sus creencias, lo que no comparto pero me parece respetable. Lo que no entiendo para nada en absoluto es a la gran cantidad de gente que se incluye en el segundo tipo. ¿Por qué lo hacen? Vamos a ver, si –poniéndonos en el caso de bautizos y comuniones– los padres, viven una vida al margen de religiones, sin preocuparse de si lo que hacen es pecado o de rezar todas las noches a la santa congregación de las hermanas huérfanas descalzas y hambrientas, ¿qué les lleva a iniciar a sus hijos en unas creencias religiosas? ¿Ellos quieren vivir según su propio criterio mientras que desean que sus hijos acaten normas sin cuestionarlas? ¿Quieren que los niños crean en lo que les dicen aunque no sea demostrable antes de enseñarlos a tener pensamiento crítico? Porque si es así, no entiendo sus motivos. ¿O es que quizá los que no tienen ideas propias son los padres y lo único que hacen es seguir ciertas costumbres sin plantearse lo que significan y lo que conllevan? ‘Como todos los de su clase hacen la comunión, él no va ser el único que no la haga…’ Eso, en primer lugar, es una falta de respeto para con el sacramento en particular y con la creencia en general y, en segundo lugar, el mensaje que se está dando a los niños es el de la falta de compromiso. Les estamos diciendo que existen los derechos pero no los deberes. Si un niño se quiere meter a un equipo de voleibol, tendrá que comprometerse a entrenar, a ir a los partidos y no podrá dejar a sus compañeros tirados en mitad de la temporada porque en invierno le dé demasiada pereza salir de la caldeada casa, ¿no? Pues no perece que todo el mundo lo tenga tan claro.

    En fin, me parece muy triste casarse por la iglesia solo porque ‘las fotos quedan más bonitas’ o instar a los niños a hacer la primera comunión aunque los padres no sepan ni decir tres de los diez mandamientos. Un poquito de coherencia, por favor. En la vida, es muy importante tener una cosa que se llama PRINCIPIOS y los principios te impiden quedarte solo con la parte que te gusta de las cosas y eso también va por la navidad, pero eso se merece un capítulo aparte.