Mostrando entradas con la etiqueta expresiones. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta expresiones. Mostrar todas las entradas

martes, 28 de enero de 2014

Alfil

  El otro día en clase de francés estábamos escuchando una canción en la que hacen un juego de palabras con las piezas del ajedrez. En este idioma, alfil es fou, que significa loco, bufón. En español, tenemos muy claro qué son un caballo, una torre, un rey… Pero, ¿un alfil? Ese interrogante surgió en la clase.

  Yo pensaba que el alfil en el ajedrez representa al poder eclesiástico (en inglés, es bishop –obispo) pero no estaba muy segura de ello así que me guardé mis conjeturas para mí misma. Además, una cosa es lo que pueda representar en el ajedrez y otra el significado de la palabra (que a fin de cuentas, es lo que nos estábamos preguntado), y de eso sí que no tenía ni idea. No sé si el resto de alumnos tenía alguna noción del asunto pero aparentemente no, ya que nadie dijo esta boca es mía.

  El caso es que con ganas de saciar la curiosidad fui a la primera fuente obligada, el DRAE, que nos dice lo siguiente: 

- m. Pieza grande del juego del ajedrez, que camina diagonalmente de una en otra casilla o recorriendo de una vez todas las que halla libres.
- m. desus. agüero.

   En resumidas cuentas, que no nos dice nada. Así que buceando un poco más, averiguamos que esta pieza –o trebejo, como se las denomina era originariamente ¡un elefante! en los juegos orientales que dieron lugar al actual ajedrez. De hecho, el sustantivo en español “alfil” viene del árabe fil que significa elefante. “Marfil” significa hueso de elefante, cosa que ya se nos desvía un poco del tema principal pero que me parece muy interesante.

   En la siguiente imagen vemos cómo eran antes los alfiles, donde se ven claramente dos protuberancias que representan los colmillos de un elefante.


    En conclusión, que en español, la palabra “alfil” no tiene significado más allá que el propio trebejo del juego. Y, actualmente, en este contexto, representa a un oficial del ejército o funcionario medio.

lunes, 7 de marzo de 2011

Una de cal y otra de arena.

   La frase hecha ‘una de cal y otra de arena’ se utiliza con bastante frecuencia y con ella queremos decir que hemos tenido unas consecuencias o resultados buenos y otros malos. Sin embargo, muy poca gente sabe decir cuál de las dos –la cal o la arena­– es la buena y cuál la mala. Para intentar despejar esta duda, he estado navegando por la red de redes y os cuento lo que he encontrado.

    En primer lugar, he ido directamente al diccionario panhispánico de dudas de la RAE, pero no nos dice nada al respecto, solo hay una entrada que habla sobre la expresión ‘a cal y canto’. Después, he mirado en el diccionario, digamos, ‘normal’ de la propia Academia y esto es lo que dice: una de cal y otra de arena: coloquialmente, alternancia de cosas diversas o contrarias para contemporizar.
Pues no es que nos lo aclare mucho, la verdad. Es más, a mí, esta definición me ha llevado a pensar que se trata de una expresión que denota la intervención de elementos opuestos pero no necesariamente buenos versus malos, aunque actualmente solo la estemos utilizando en ese sentido. Además, esa teoría que me formulaba, se veía reforzada por aquellos otros que sostienen que la frase completa es ‘una de cal y otra de arena, la mezcla siempre buena’.

    Pero yendo más lejos, me he topado con la definición del diccionario espasa de dichos y frases hechas de A. Buitrago Jiménez, y que explica lo siguiente: Dar una de cal y otra de arena. Actuar alternativamente de forma positiva y negativa. Antiguamente, cuando no existía el cemento, los ladrillos o piedras se fijaban con mortero, un compuesto que se hacía con una palada de cal -el material caro y más noble- y otra de arena, lo más abundante y menos importante.

    Según esta explicación, la cal es la buena y la arena la mala. No sé hasta qué punto será correcta, no sé sí habrá otras versiones que lo expliquen de otra manera, pero de lo que no cabe duda es de que, al menos, nos da un argumento para sostener una opinión al respecto a este dicho popular.


miércoles, 16 de febrero de 2011

A bote pronto

    El símbolo perdido me da pie a escribir otra entrada en el blog. Esta vez, se trata de una simple frase hecha. En boca de uno de los personajes del libro, Dan Brown ponía la locución adverbial: a bote pronto… Lo cual, me extrañó bastante porque nunca la había oído, aunque sí que conocía muy bien la otra expresión que es a voz de pronto, utilizada para emitir opiniones sobre la marcha. Lo dejé estar, pensando que también se podría decir de esa manera o que era un error del libro, pero ayer me acordé de eso otra vez y pregunté a algunas personas cómo lo decían o si habían escuchado alguna vez lo del ‘bote’. Todo el mundo estaba familiarizado con la frase ‘a voz de pronto’ pero la versión del ‘bote’ no era conocida por nadie.

    Pues bien, tengo que decir que la expresión correcta, verdadera y genuina es "a bote pronto" mientras que la más popular "a voz de pronto" es totalmente inventada por los hablantes a raíz de la anterior y sin ninguna base, digamos, "cultural" o etimológica.

    A bote pronto es una locución adverbial que tiene su origen en el mundo del deporte, ya que viene de deportes como el fútbol o el tenis, donde significa golpear la pelota nada más haya pegado un bote. El diccionario panhispánico de dudas de la Real Academia Española de la Lengua nos dice que del lenguaje deportivo ha pasado [la expresión] a la lengua general con el sentido de "sobre la marcha" o improvisadamente. A colación de la confusión con la manera extendida de decirlo, el diccionario señala: a veces, se modifica esta locución convirtiéndola, erróneamente, en a voz de pronto.